
Dentro de unos días se cumplirán 200 años del nacimiento de
Charles Darwin (12 de febrero). Por otra parte, hace unas semanas, en un comentario en este mismo blog, alguien me animaba a abordar el tema de la conciencia humana. Pues bien, voy a intentar hablar de esos dos grandes temas: evolución y conciencia.
La importancia de la figura de Charles Darwin, y sobre todo la trascendencia de su descubrimiento en relación al mecanismo de la evolución de las especies, es innegable. La comprensión por parte del hombre de este mecanismo de la evolución natural, y la consecuente e inevitable aceptación de que la especie humana no es más que una rama del árbol general de las especies, cambió radicalmente la idea que el hombre tenía sobre sí mismo. Resulta sólo anecdótico que todavía haya personas que se empeñen en hablar de creacionismo. La especie humana sabe de sí misma cuál es su lugar y desde cuando está en este mundo. (También sabe, pero ese es otro asunto que abordaré algún otro día, qué es lo que está haciendo con este mundo).
Lo que sabemos del hombre actual:
El Homo Sapiens, no siempre sabio, ha existido en Europa desde hace unos 50.000 años, También se sabe que surgió en África hace unos 200.000 años. Por esas fechas debió nacer en ese continente una mujer conocida actualmente como la “Eva mitocondrial” de la que todos los humanos al día de hoy seríamos descendientes (es decir, que para desgracia de los racistas de este mundo, la totalidad de los habitantes de la Tierra, ya seamos blancos o negros, amarillos o aceitunos, somos algo así como primos lejanos).
Lo que sabemos de los grandes simios:Tenemos un antepasado común con el chimpancé que vivió hace 7 millones de años, y una coincidencia en nuestro ADN de más del 98%. Nuestro antepasado común con el gorila vivió hace 10 millones de años; con ellos compartimos el ADN en un 97,7%. Vivió hace unos 20 millones de años nuestro antepasado común con el orangután con el que compartimos el 96,4% del ADN.
Así pues: la evolución ha existido; existe. No me voy a extender sobre ello.
La conciencia.
Es un hecho innegable que hay animales que muestran conciencia de sí mismos. Por ejemplo un chimpancé puesto ante un espejo se toca su propia frente si ve el reflejo de su figura con una marca extraña en ese lugar. Eso demuestra que es consciente de su unicidad, de su propia identidad. Pero es el hombre el único animal que muestra un nivel de conciencia superior consistente en ser consciente de la propia conciencia. Dicho de otra manera, el hombre es el único animal que sabe que sabe.
¿De dónde? ¿de cuándo surge esta capacidad?; es decir, ¿desde cuando se ha desarrollado ese nivel de conciencia secundaria en el hombre? El asunto, por lo que estoy investigando, dista mucho de estar resuelto y no hay acuerdo sobre ello. Una teoría es la del antropólogo
Roger Bartra, del que estoy leyendo en estos días su obra “
Antropología del cerebro”. Bartra habla de una especie de exocerebro (que yo me atrevo a equiparar aquí a una especie de “
cerebro en red”) que sería de alguna forma el responsable del surgimiento y de la aceleración en la especie humana del mecanismo de la conciencia. Este exocerebro está relacionado con nuestro desarrollo cognitivo en un grupo social. Está basado en un tipo de plasticidad cerebral que hace que se terminen de desarrollar determinadas estructuras cuando nos relacionamos con un entorno rico en estímulos y demandas en un grupo de congéneres. De tal manera, ese desarrollo no se da en individuos que por alguna circunstancia han estado privados desde su infancia de esa relación. Este sería el caso de los niños salvajes criados en la naturaleza (aunque hay dudas de hasta dónde han existido realmente o cuánto hay de mito o engaño en los casos conocidos), o de los niños mantenidos en cautividad absoluta y privados por crueldad de esas relaciones sociales.
Me parece que en la teoría de Bantra, estos humanos privados de la relación social, no pueden en ningún caso llegar a desarrollar ese nivel de conciencia secundaria consistente en la conciencia de ser conscientes. Y esto es así porque eso forma parte de una capacidad del exocerebro, un producto del grupo social. Por lo pronto tengo que decir que me resulta muy atractiva esta teoría.
Si os habéis dado cuenta, estoy hablando de teoría de Bantra. Cuando hablé al principio de Darwin, evité hablar de teoría de la evolución. Si volvéis arriba veréis que el término que utilicé fue el de “descubrimiento”, y es que en relación al mecanismo de la evolución natural ya no hay ninguna duda. La evolución de las especies forma ya parte de la ciencia. En cambio, en relación al asunto de la conciencia y a la explicación de qué es exactamente y de dónde o cuándo se forma, no hay todavía sino teorías.
Pues nada, por último, y porque no quiero alargar demasiado esta entrada pues sé que eso echa para atrás a más de uno que consume Internet con aceleración, voy a hacer una doble reivindicación aquí y ahora.
En primer lugar, y como homenaje a Darwin, quiero hacer una
reivindicación de nuestra animalidad. Deberíamos aceptar que nuestra naturaleza es en primer lugar animal. Creo que esto es necesario para llegar a un completo y sincero conocimiento de nosotros mismos, sin engaños del tipo de “yo fui creado a imagen y semejanza de un dios, y eso me hace muy especial; todo me está permitido”.
Pero en segundo lugar quiero hacer también una
reivindicación de nuestra humanidad. Eso sí es lo que nos hace verdaderamente distintos; lo que nos ha convertido en los animales tan especiales que somos. Somos unos animales culturales, y en la cultura está todo lo grande y bello que como especie podemos hacer. También, desgraciadamente, está todo lo bárbaro y cruel que hemos demostrado saber hacer.
Salud.