domingo, 9 de noviembre de 2008

Amor tras la línea


Otra tarde otoñal en casa: sofá y mando a distancia, y una casualidad. Digo casualidad porque viene a cuento por la película a la me voy a referir. Esta tarde me encontré en Cinemateka (tv) con una de mis películas preferidas, de uno de mis directores favoritos. Se trata de “Los amantes del círculo polar” de Julio Medem.

Casi todas las películas de Medem me han tocado el alma. Su poético lenguaje fílmico no creo que deje impasible a nadie; o te atrapa y lo adoras, o te disgusta y no puedes soportarlo (ni entenderlo). Cuando he visto alguna de sus películas en el cine con algún o algunos amigos, siempre ha habido ese choque un tanto visceral de pareceres.

¿De qué va la película? Bueno, como buena película que es, puede tener varias lecturas. Eso le ocurre también a los grandes libros. Esta historia va sobre el amor, desde luego, pues ya lo dice el título. Pero va también de otras muchas cosas.

La casualidad, las casualidades, juegan un muy importante papel en el transcurso de la historia, hasta tal punto que forman parte esencial de ella. No es la única película que trata este asunto ni será la última. En esta película pueden parecer exageradas las casualidades que entrelazan a los personajes, pero no es más que un recurso poético. En realidad la vida de todos nosotros, las relaciones que hemos establecido o no hemos llegado a establecer con los otros, está regida por una serie de pequeñas casualidades. Cuántas veces nos hemos hecho esa pregunta de ¿qué hubiera pasado sí …?, o ¿si no ..?

Otro tema del que se habla en esta película es de "círculos". De hecho también están en el título. Los círculos a veces nos rodean, es decir, delimitan el espacio en el que estamos (y en el que no estamos), y a veces definen el recorrido cíclico que de mil maneras repetimos.

Hay tres edades en la vida de los dos personajes principales: infancia, adolescencia y joven madurez. En esas tres edades, que a veces vemos desde los ojos de Ana y a veces desde los ojos de Otto, se repiten sucesos muy similares. Singularmente, por ejemplo, se repite el frenazo mientras ellos van sentados uno junto al otro en el asiento trasero de un coche. Son repeticiones cíclicas.

No me voy a alargar demasiado. Yo, de la película me quedo con una imagen poética, metafórica. Eso, y no otra cosa, es la línea blanca del círculo polar que atraviesa el suelo de la cabaña de Finlandia donde Ana (Najwa Ninri) ha ido a esperar. ¿Qué ha ido a esperar allí? Pues a que ocurra la mayor casualidad posible: el amor, la más grande y más bonita de las casualidades. Y efectivamente así ocurre. Dentro de ese mágico círculo, donde el amor es posible, aparece Otto en paracaídas.

El lugar es simbólico. El círculo está en cualquier lugar, pero ¿es posible habitarlo por mucho tiempo?

Dos finales tiene la película. Uno real: Ana muere cuando más cerca estaba de reencontrarse con Otto. Otro soñado, en el que Otto se quedará a vivir para siempre en los ojos de Ana.


Los amantes del círculo polar (Julio Medem)

-"Voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta"

4 comentarios:

  1. Esa misma casualidad fue la que hizo que una mañana de septiembre de hace un par de años, fuera a ti a quién me acercara y te dijera que quería colaborar con vosotros en la Plataforma Carril Bici. Y desde entonces mi vida ha girado en el círculo determinado por esa acción.

    Intentaré seguir leyéndote en tu blog. Gracias por el tiempo que has compartido conmigo.

    Un saludo.

    Pedro Pérez

    ResponderEliminar
  2. Miguel y Maxi (alumnos de cristina)11 de diciembre de 2008, 13:19

    Hola!,estamos de acuerdo con la declaracíon de los derechos humanos,porque realmente creemos que es nesesaria para la humanidad y además es en la que se basan la mayoría de las constituciones por eso es la más
    justa y apropiada para todo el mundo.Un saludo Miguel y Maxi.

    ResponderEliminar
  3. me parece k me e perdido

    ResponderEliminar
  4. mola saco!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar