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Hace algunas semanas tuvo lugar en la Biblioteca Central un encuentro entre los máximos responsables de Córdoba 2016 y representantes del movimiento vecinal de nuestra ciudad. Allí acudieron por parte de la Fundación Córdoba Ciudad Cultural su Gerente Carlota Álvarez Basso, y por parte de la Oficina de la Capitalidad Córdoba 2016 su Director Manuel Pérez.
Dicen que no hay que confundir la Fundación Córdoba Ciudad Cultural con la Oficina de la Capitalidad Córdoba 2016. La primera tiene vocación de continuidad. La segunda tiene un horizonte de vida máximo no más allá del 2016. De hecho podría morir mucho antes si Córdoba no pasara alguna de las fases del procedimiento de selección y elección de la Ciudad Capital Cultural de Europa 2016.
La primera de estas “fechas oficiales” es octubre de 2010 cuando el gobierno de España presentará a la Comisión Europea la lista de ciudades candidatas de nuestro país. A lo más tardar, a finales del mismo año de 2010 la Comisión Europea recomendará una lista restringida de ciudades candidatas, tras lo cual la autoridad correspondiente del Estado Español aprobará formalmente las ciudades candidatas.
La siguiente y definitiva criba será de nuevo en el mes de octubre, pero del año 2011. Para esas fechas el Comité de Selección recomendará las dos ciudades candidatas (es decir elegidas), que unos meses después serán definitivamente designadas por el Consejo de Europa. En este caso serán una de España y otra de Polonia, pues desde hace años son dos las ciudades que en cada ocasión son nombradas Capitales Europeas de la Cultura.
De lo que quiero hablar ahora es de una idea que me vino mientras Carlota Álvarez Basso hizo su exposición. Ella mencionó muchas cifras durante su intervención y una de ellas tenía que ver con la comparación entre la cantidad de proyectos culturales desarrollados por cada una de las diferentes ciudades que hasta ahora han sido capitales europeas de la cultura. Creo recordar que en concreto fue Estocolmo una de las ciudades que más alta cifra de proyectos desarrolló: más de 1700. Lo que me llamó la atención fue que Carlota se refiriera a ello como algo excesivo, y que por el contrario prefiriera una menor cantidad de proyectos.
Yo no pude evitar pensar en la relación inversa que existe entre grandes y pocos proyectos de mucho gasto, y muchos y pequeños proyectos de poco gasto. Mientras la primera estrategia da lugar a menos trabajo aunque logra resultados muy “espectaculares”, la segunda requiere de más trabajo y da lugar a resultados “menos espectaculares”. Es evidente que es más fácil gastar 6.000.000 de euros en 6 proyectos que los mismos 6.000.000 de euros en 1.000 proyectos. Lo mismo ocurre desde siempre con las inversiones en infraestructuras para el transporte: ¡cómo lucen el AVE y las autovías frente al tren tradicional y las carreteritas!.
Pero me pregunto yo ¿el resultado “culturalmente hablando” de los grandes espectáculos es el mismo que el de los proyectos más pequeños que renuncian a la espectacularidad? ¿Es acaso lo mismo conseguir que 50.000 personas acudan a un concierto que lograr que esas mismas 50.000 personas participen en una reunión de un club de lectura?
De siempre ha habido dos concepciones de la cultura. Una, que podríamos escribir con mayúsculas, sería la de los grandes fastos. Otra, más modesta pero real, escrita en sencilla tipografía, sería la de la participación activa (no sólo contemplativa), en los actos culturales. Yo me refiero a veces a este tipo de cultura como la “cultura semilla”, la cultura que germina. No en vano el término cultura está etimológicamente emparentado con el de agricultura.
Se dice que el siglo XX ha sido el siglo de la entrada en escena de las masas. Pero esa entrada en escena no ha consistido siempre, como algunos demasiado optimistas interpretan, en la conversión de los antiguos súbditos en nuevos ciudadanos. No: esa supuesta liberación ha consistido en realidad en la conversión de los antiguos sojuzgados por el poder económico y político, antiguos alienados por el duro trabajo en la fábrica o el campo, en los nuevos sojuzgados y alienados por el poder cultural. Y eso es así porque la cultura practicada y alentada por los poderes no es la cultura liberadora, sino la cultura consumidora.
No me quiero extender, que esta entrada me está quedando muy larga.
Definitivamente, propongo para la celebración del 2016, si es que Córdoba llega a ser designada Capital Europea de la Cultura, la celebración de 1000 pequeños proyectos del tipo de:
- una reunión de un Club de Lectura durante cada día del año. Estas reuniones se pueden realizar en las bibliotecas públicas y en locales de asociaciones de vecinos, etc.
- asistencia de todos los escolares de la ciudad a al menos un concierto de música clásica a celebrar en los salones de actos de los centros escolares, centros cívicos y otras pequeñas infraestructuras de barrio.
- presencia constante de, como mínimo, una exposición de pintura, escultura, fotografía, etc, en algún local de cada barrio de la ciudad.
- celebración de concursos de fotografía, pintura, escritura, etc, alentando la participación de toda la población cordobesa con premios dignos aunque no millonarios.
- Etc, etc, etc
La cultura puede hacer a los hombres libres, pero también puede contribuir a mantenerlos en la esclavitud
Dicen que no hay que confundir la Fundación Córdoba Ciudad Cultural con la Oficina de la Capitalidad Córdoba 2016. La primera tiene vocación de continuidad. La segunda tiene un horizonte de vida máximo no más allá del 2016. De hecho podría morir mucho antes si Córdoba no pasara alguna de las fases del procedimiento de selección y elección de la Ciudad Capital Cultural de Europa 2016.
La primera de estas “fechas oficiales” es octubre de 2010 cuando el gobierno de España presentará a la Comisión Europea la lista de ciudades candidatas de nuestro país. A lo más tardar, a finales del mismo año de 2010 la Comisión Europea recomendará una lista restringida de ciudades candidatas, tras lo cual la autoridad correspondiente del Estado Español aprobará formalmente las ciudades candidatas.
La siguiente y definitiva criba será de nuevo en el mes de octubre, pero del año 2011. Para esas fechas el Comité de Selección recomendará las dos ciudades candidatas (es decir elegidas), que unos meses después serán definitivamente designadas por el Consejo de Europa. En este caso serán una de España y otra de Polonia, pues desde hace años son dos las ciudades que en cada ocasión son nombradas Capitales Europeas de la Cultura.
De lo que quiero hablar ahora es de una idea que me vino mientras Carlota Álvarez Basso hizo su exposición. Ella mencionó muchas cifras durante su intervención y una de ellas tenía que ver con la comparación entre la cantidad de proyectos culturales desarrollados por cada una de las diferentes ciudades que hasta ahora han sido capitales europeas de la cultura. Creo recordar que en concreto fue Estocolmo una de las ciudades que más alta cifra de proyectos desarrolló: más de 1700. Lo que me llamó la atención fue que Carlota se refiriera a ello como algo excesivo, y que por el contrario prefiriera una menor cantidad de proyectos.
Yo no pude evitar pensar en la relación inversa que existe entre grandes y pocos proyectos de mucho gasto, y muchos y pequeños proyectos de poco gasto. Mientras la primera estrategia da lugar a menos trabajo aunque logra resultados muy “espectaculares”, la segunda requiere de más trabajo y da lugar a resultados “menos espectaculares”. Es evidente que es más fácil gastar 6.000.000 de euros en 6 proyectos que los mismos 6.000.000 de euros en 1.000 proyectos. Lo mismo ocurre desde siempre con las inversiones en infraestructuras para el transporte: ¡cómo lucen el AVE y las autovías frente al tren tradicional y las carreteritas!.
Pero me pregunto yo ¿el resultado “culturalmente hablando” de los grandes espectáculos es el mismo que el de los proyectos más pequeños que renuncian a la espectacularidad? ¿Es acaso lo mismo conseguir que 50.000 personas acudan a un concierto que lograr que esas mismas 50.000 personas participen en una reunión de un club de lectura?

Se dice que el siglo XX ha sido el siglo de la entrada en escena de las masas. Pero esa entrada en escena no ha consistido siempre, como algunos demasiado optimistas interpretan, en la conversión de los antiguos súbditos en nuevos ciudadanos. No: esa supuesta liberación ha consistido en realidad en la conversión de los antiguos sojuzgados por el poder económico y político, antiguos alienados por el duro trabajo en la fábrica o el campo, en los nuevos sojuzgados y alienados por el poder cultural. Y eso es así porque la cultura practicada y alentada por los poderes no es la cultura liberadora, sino la cultura consumidora.
No me quiero extender, que esta entrada me está quedando muy larga.
Definitivamente, propongo para la celebración del 2016, si es que Córdoba llega a ser designada Capital Europea de la Cultura, la celebración de 1000 pequeños proyectos del tipo de:
- una reunión de un Club de Lectura durante cada día del año. Estas reuniones se pueden realizar en las bibliotecas públicas y en locales de asociaciones de vecinos, etc.
- asistencia de todos los escolares de la ciudad a al menos un concierto de música clásica a celebrar en los salones de actos de los centros escolares, centros cívicos y otras pequeñas infraestructuras de barrio.
- presencia constante de, como mínimo, una exposición de pintura, escultura, fotografía, etc, en algún local de cada barrio de la ciudad.
- celebración de concursos de fotografía, pintura, escritura, etc, alentando la participación de toda la población cordobesa con premios dignos aunque no millonarios.
- Etc, etc, etc
La cultura puede hacer a los hombres libres, pero también puede contribuir a mantenerlos en la esclavitud