La primera me vino a consecuencia de la visión de la última película de Woody Allen, la titulada 'Conocerás al hombre de tus sueños' (‘You Will Meet a Tall Dark Stranger’, 2010). Se trata de una más de las típicas películas de W. Allen en la que se retratan algunas de las miserias humanas de la urbana clase media. En los personajes de esta historia, como en tantas otras pelis de Allen, son evidentes la fragilidad, la inseguridad, y una indisimulada insatisfacción. Se podría decir que la vida que viven no es la que quisieran vivir (¿os suena?),
El personaje que viene a retratar esto de la manera más clara y simbólica es el que hace el actor Josh Brolin: un escritor frustrado que no consigue ver publicada nunca una de sus novelas y al que la relación con su pareja se le va agriando por esa invalidación personal. A este hombre frustrado se le viene a mudar al piso de enfrente una joven y hermosa mujer siempre vestida de rojo. La visión de sus momentos de intimidad, de sus desnudamientos, de su tersa y brillante piel, se convierten en una obsesión con la que llena la mayor parte de su tiempo perdido.

Parece, y no digo que esté del todo mal, que siempre deseamos lo que no tenemos, y que eso es lo que nos mantiene vivos. Dicho de otra manera: sin el motor del deseo no hay vida que merezca el nombre. Pero también es cierto que deberíamos ser capaces de aceptar aquello que tenemos, que suele ser mucho, y buscar la felicidad con ello. Al fin y al cabo, la felicidad no es más que una sensación que procede, no de la realidad externa, sino del interior de nosotros mismos.
La segunda reflexión que me hago tiene que ver con otro sentimiento muy distinto; me refiero a la empatía, esa ensalzada actitud que todos dicen practicar pero que en realidad muy pocos sienten. La empatía no es, tal como yo la entiendo, ese caerte bien todo el mundo, ese decirle a cada uno lo que quiere oir, o ese reir las gracias de cualquiera mientras pasas tu brazo por su hombro compartiendo un vino. La empatía es algo muy profundo que tiene que ver con la capacidad de ver el mundo desde los ojos del otro, de sentir el placer y el goce del otro durante sus momentos felices, de compadecer, es decir padecer, el mismo dolor que el otro cuando la vida le duele.
La empatía es un sentimiento que si de verdad la mayoría de la gente llegara a sentir, terminaría provocando irremisiblemente y en no mucho tiempo un cambio radical en el mundo. No podría ser de otra manera: se acabarían las injusticias, las guerras, la explotación, el daño intencionado.
Pero ¿cómo podrá llegar a afirmarse la empatía frente a tanto egoismo? Hay quien opina que el egoismo es un sentimiento connatural a nosotros mismos. Si esto es así ¿no hay mejor futuro?