
El asunto es bastante complejo y no digo que tenga mi posición totalmente clara, pero hoy he leído algo que me ha aclarado mi postura, postura que en todo caso mi instinto inclinaba desde siempre hacia su prohibición en determinados espacios.
Me ha sorprendido de vez en cuando constatar que existen posicionamientos tanto en contra como a favor de consentir el uso del velo en los espacios públicos entre personas situadas a la izquierda (incluso muy a la izquierda) y a la derecha en el espectro político.
Por ejemplo en España la UpyD de Rosa Diez (que yo ubico claramente a la derecha) y la mayoría del PP, están en contra del velo. En Francia en cambio, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), situado en la izquierda radical, no sólo está en contra de prohibir el velo o incluso el burka, sino que presenta entre sus candidatos al parlamento a una mujer que reivindica su derecho a portar el velo. Ilham Moussaïd, cuarta en la lista del partido en Vaucluse, en la región de Provenza Alpes Costa Azul, es "una militante feminista, anticapitalista, internacionalista que considera que debe llevar el velo por sus convicciones religiosas", (sic). La joven, estudiante de gestión y tesorera del NPA, afirma: "soy una ciudadana como otra cualquiera, feminista y con velo. Si me eligen, ocuparé mi escaño con velo".
Volviendo a España, en el PSOE y en IU existen diversas posiciones y normalmente se opta por dejar que sea en las comunidades concretas (léase colegios, institutos, etc), donde se resuelva el conflicto por medio de reglamentos o de acuerdos “locales”, pero evitan el posicionamiento a nivel legislativo y estatal.
Y es que entran en conflicto en este asunto varios tipos de libertades. Por un lado se acepta que el velo es en general un símbolo de la opresión y la marginación sufrida por las mujeres en unas sociedades eminentemente patriarcales. Símbolo que no hace tanto tiempo todavía tenían que portar las mujeres españolas y del que afortunadamente lograron librarse durante los últimos años de la dictadura franquista.
Por otro lado, también es evidente que el velo puede ser considerado como un signo identitario, una opción personal que los individuos adoptan en su indumentaria para caracterizarse respecto a otros. En Francia, singularmente, lo llevan muchas mujeres que reivindican de esa manera la pertenencia a otra cultura, es decir, no a la occidental-capitalista (con todos sus valores asociados) sino a la musulmana norte-africana.
Aquellos que defienden el multiculturalismo, aceptan que cada cual tiene sus costumbres y deben ser aceptadas. A mi nunca me ha gustado ese relativismo, relativismo que parece sostenerse más bien sobre una desarmante duda respecto a los que siempre fueron nuestros valores de modernidad y progreso. Cuando se duda de que pueda existir el progreso, y sobre todo, de que ese progreso sea construible con nuestros actos, entonces todo está permitido. Cada cual que escoja su camino y que haga lo que quiera, pues tanto da ir hacia adelante como hacia atrás, al fin y al cabo, direcciones relativas.
Yo no opino así.
Cuando al comienzo de este comentario decía que hoy había leído algo que me ha servido para aclararme en mi postura, me refería al posicionamiento de los obispos españoles. A alguno le puede parecer prejuicioso, pero es innegable que el posicionamiento de nuestros contrarios nos sirve para aclararnos en nuestra opinión (es instintivo). Cuando los obispos están a favor de permitir el uso del velo, encuentro una gran dificultad en compartir su opinión.
Si los obispos dicen que el velo es un signo religioso, como hay otros que son católicos y deben ser igualmente respetados, eso es lo que me recuerda que yo estoy en contra de que los símbolos religiosos ocupen los espacios públicos. Quiero decir que precisamente hay que aprovechar esta polémica sobre el uso del velo por algunas mujeres musulmanas para insistir en que también los símbolos religiosos de otras confesiones (está claro que me refiero a la católica) deben desaparecer de los colegios.
Las aulas sí que deberían ser unos “lugares sagrados” en el sentido de que deberían estar exclusivamente dedicadas a la educación, la ciencia y la cultura, y a la preservación de los valores de libertad, progreso y laicismo. La religión, todas las religiones, debe quedar fuera.
Me viene ahora a la cabeza otro asunto del que se ha hablado por aquí por Córdoba, y es la creación de una Plataforma por un templo ecuménico en la Mezquita de Córdoba. Está en facebook.
Desde esta plataforma se reivindica el rezo compartido en ese edificio por parte de las tres religiones monoteístas. Imagino que la intención es restar poder a la Iglesia Católica, que, es cierto, gestiona para su propio interés (y me refiero también al interés económico) este monumento que debería pertenecer a todos. Al fin y al cabo, con el dinero de todos es sostenido. Debe ser ya muy difícil saber la cantidad de dinero público que se ha gastado en su rehabilitación.
El caso es que yo no creo que haya que dar algo más de poder a otras religiones para ir limando el de “la nuestra”. Lo que creo es que hay que ir quitándoselo a todas. En ese sentido, respecto a la mezquita de Córdoba, lo que yo creo que se debería hacer es librarla por completo de su uso religioso como por ejemplo se hizo hace ya mucho tiempo con la basílica de Santa Sofía en Estambul (antes Bizancio, antes Constantinopla). El valor y la importancia de ese edificio llevaron a las autoridades a reconocerlo como algo a preservar por encima de su uso como iglesia o mezquita y digno de ser disfrutado por todos. Eso mismo creo debería hacerse en Córdoba.
En fin, mi opinión: Fuera la catedral de la mezquita. Fuera los velos de los colegios, y sobre todo, fuera de las mentes.
----------------------------
De gran interés para mí ha sido la lectura reciente del libro titulado "El islam sin velo", y más aún el haber podido escuchar a sus dos autoras (Nazanín Amiriam y Martha Zein, ambas con cabeza muy bien amueblada) en un acto que tuvo lugar el jueves 22 de abril en la Feria del Libro.