
Estamos en crisis. El sistema está en crisis. Y si no, que se lo pregunten a alguno de los más de 3 millones de parados que hay actualmente en España (18 millones en Europa). Después de un periodo de vacas gordas más prolongado que en otras ocasiones, llegaron las vacas flacas. ¿Acaso había alguien que no lo supiera? Todos lo sabían; repito, todos lo sabíamos. Es algo inherente al sistema capitalista. A menudo nos gustaría ignorarlo. Sobre todo le gustaría ignorarlo a ellos, a esos que cada minuto que pasa se enriquecen un poco más (aún en tiempo de crisis) sacando el máximo beneficio de este sistema que, como ya dijo alguien, está basado en la explotación del hombre por el hombre.
Así que no, no debemos ignorarlo: el capitalismo es un sistema económico que lleva dentro de sí la semilla del mal, porque está construido sobre un deseo de enriquecimiento personal egoísta, obtuso y esquilmador que en el mejor de los casos, si no acaba con el planeta tierra tras exprimirlo como una fruta madura, acabará previamente consigo mismo auto destruyéndose tras llevar a la miseria a cientos de millones de personas por todo el mundo.
Estoy releyendo estos días el grande y magnífico libro de Naomi Klein titulado “La doctrina del shock, o el auge del capitalismo del desastre”. Setecientas páginas de clara y detallada exposición de por dónde y a dónde nos está llevando la ideología del “capitalismo neocon” y del ultraliberalismo de la escuela de Chicago. En este libro, tan extenso como ameno de leer, se nos detalla paso a paso cómo los “Chicago boys” de Milton Friedman fueron poniendo en práctica sus experimentos de capitalismo ultraliberal en países como Chile, Bolivia, Argentina, la Gran Bretaña de Thatcher, la Polonia post comunista, la Rusia de Yeltsin, etc, etc, hasta llegar al caso más salvaje y sangrante del Irak invadido tras “la guerra de Bush”.
Este caballerete, de unos escasos 1,60 metros de altura, ha sido probablemente uno de los hombres que más daño ha hecho a este mundo. Y me atrevo a afirmar que esto es así aunque le hayan otorgado un premio Nobel. Porque ¿qué ha venido a decir este hombre?, de hecho ¿qué clase de ideas ha conseguido extender como si fueran ciencia (como a él y a los suyos les gustaba decir) entre los que gobernaban este sistema?: que el mercado es sagrado, que hay que eliminar todas las regulaciones y las intervenciones del estado, que el interés propio, el deseo de máximos beneficios personales, es la mejor vía para el progreso global.
Pero ¿qué significa el progreso global para estos señores?. Cuando hablan de progreso global imagina uno que se refieren a movimientos de capital, a Producto Interior Bruto, a réditos, a cifras cada vez más elevadas de ganancias para unos cuantos, cuando lo que se esconde tras ello es una desigualdad social cada vez más pronunciada (reconocida por todas las instituciones internacionales), a una concentración cada vez mayor de la riqueza en menos manos y a una miseria cada vez más extendida. Todo ello en el contexto de un mundo cada vez más cerca del abismo por sobrexplotación, contaminación y muerte (las guerras dan mucho dinero).
Los máximos dirigentes políticos de este mundo andan ahora reunidos intentando reinventar un capitalismo más humano. ¿Es ello posible?.
En fin, a la espera de un tiempo mejor en que seamos capaces de volver a soñar y a intentar construir un sistema económico no basado en la explotación de hombres por hombres ni en el engaño del crecimiento como única forma de progreso, cruzo los dedos para que por lo menos esos que mandan pongan un mínimo de orden y freno a este desaguisado. Y por supuesto, mientra tanto: LA CRISIS, QUE LA PAGUEN ELLOS.




Por ejemplo me considero radical, y no creo que la tan altamente valorada expresión de “en el término medio está la virtud” sea acertada por principio. No puede serlo, pues si lo fuera, la presencia frente a nosotros de cualquier fanático o de cualquier ignorante habría de llevarnos a aceptar que no tenemos del todo la razón y de que deberíamos encontrar el punto medio respecto a sus opiniones para un acuerdo.
Eluana Englano

¿No es una vergüenza que al 


Pero no es de esto de lo que yo quiero hablar. Yo quiero hablar hoy de los niños. Creo sinceramente que lo que tendríamos que celebrar, no ya un día al año sino cada día de la vida, es la llegada de los niños. Los niños, y esto es una obviedad que casi da vergüenza enunciar, SON EL FUTURO. Pero no son el futuro sólo porque esa sea la ley natural, es decir, porque constituyan la única posibilidad biológica de nuestra continuación. No, son el futuro porque guardan y renuevan continuamente en este mundo la semilla de la ilusión. ¿Y qué clase de futuro podríamos esperar sin ilusión?

El caso es que Ángel, el real, a lo que se enfrenta conforme avanza la película es a la disyuntiva, eterna por otra parte, entre dos formas de amar. Es lo que otros antes que Medem han llamado
Para que sea el propio espectador el que elija, al igual que en “Los amantes del círculo polar” donde también había dos finales, en esta película hay un Ángel que escoge la vida tranquila junto a Ángela y su hija, y hay otro Ángel que se marcha con Mari en busca del mar. En cierto modo Medem nos autoriza a quedarnos con Ángela, o a irnos con Mari. Pero me pregunto yo, ¿por qué no podemos quedarnos con las dos?
Sí, no sé qué pensar del agua, y voy a intentar explicar qué es lo que quiero decir con esta afirmación tan enigmática.




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