sábado, 24 de abril de 2010

Sobre uso del velo y libertad


El asunto es bastante complejo y no digo que tenga mi posición totalmente clara, pero hoy he leído algo que me ha aclarado mi postura, postura que en todo caso mi instinto inclinaba desde siempre hacia su prohibición en determinados espacios.

Me ha sorprendido de vez en cuando constatar que existen posicionamientos tanto en contra como a favor de consentir el uso del velo en los espacios públicos entre personas situadas a la izquierda (incluso muy a la izquierda) y a la derecha en el espectro político.

Por ejemplo en España la UpyD de Rosa Diez (que yo ubico claramente a la derecha) y la mayoría del PP, están en contra del velo. En Francia en cambio, el Nuevo Partido Anticapitalista (NPA), situado en la izquierda radical, no sólo está en contra de prohibir el velo o incluso el burka, sino que presenta entre sus candidatos al parlamento a una mujer que reivindica su derecho a portar el velo. Ilham Moussaïd, cuarta en la lista del partido en Vaucluse, en la región de Provenza Alpes Costa Azul, es "una militante feminista, anticapitalista, internacionalista que considera que debe llevar el velo por sus convicciones religiosas", (sic). La joven, estudiante de gestión y tesorera del NPA, afirma: "soy una ciudadana como otra cualquiera, feminista y con velo. Si me eligen, ocuparé mi escaño con velo".

Volviendo a España, en el PSOE y en IU existen diversas posiciones y normalmente se opta por dejar que sea en las comunidades concretas (léase colegios, institutos, etc), donde se resuelva el conflicto por medio de reglamentos o de acuerdos “locales”, pero evitan el posicionamiento a nivel legislativo y estatal.

Y es que entran en conflicto en este asunto varios tipos de libertades. Por un lado se acepta que el velo es en general un símbolo de la opresión y la marginación sufrida por las mujeres en unas sociedades eminentemente patriarcales. Símbolo que no hace tanto tiempo todavía tenían que portar las mujeres españolas y del que afortunadamente lograron librarse durante los últimos años de la dictadura franquista.

Por otro lado, también es evidente que el velo puede ser considerado como un signo identitario, una opción personal que los individuos adoptan en su indumentaria para caracterizarse respecto a otros. En Francia, singularmente, lo llevan muchas mujeres que reivindican de esa manera la pertenencia a otra cultura, es decir, no a la occidental-capitalista (con todos sus valores asociados) sino a la musulmana norte-africana.

Aquellos que defienden el multiculturalismo, aceptan que cada cual tiene sus costumbres y deben ser aceptadas. A mi nunca me ha gustado ese relativismo, relativismo que parece sostenerse más bien sobre una desarmante duda respecto a los que siempre fueron nuestros valores de modernidad y progreso. Cuando se duda de que pueda existir el progreso, y sobre todo, de que ese progreso sea construible con nuestros actos, entonces todo está permitido. Cada cual que escoja su camino y que haga lo que quiera, pues tanto da ir hacia adelante como hacia atrás, al fin y al cabo, direcciones relativas.

Yo no opino así.

Cuando al comienzo de este comentario decía que hoy había leído algo que me ha servido para aclararme en mi postura, me refería al posicionamiento de los obispos españoles. A alguno le puede parecer prejuicioso, pero es innegable que el posicionamiento de nuestros contrarios nos sirve para aclararnos en nuestra opinión (es instintivo). Cuando los obispos están a favor de permitir el uso del velo, encuentro una gran dificultad en compartir su opinión.

Si los obispos dicen que el velo es un signo religioso, como hay otros que son católicos y deben ser igualmente respetados, eso es lo que me recuerda que yo estoy en contra de que los símbolos religiosos ocupen los espacios públicos. Quiero decir que precisamente hay que aprovechar esta polémica sobre el uso del velo por algunas mujeres musulmanas para insistir en que también los símbolos religiosos de otras confesiones (está claro que me refiero a la católica) deben desaparecer de los colegios.

Las aulas sí que deberían ser unos “lugares sagrados” en el sentido de que deberían estar exclusivamente dedicadas a la educación, la ciencia y la cultura, y a la preservación de los valores de libertad, progreso y laicismo. La religión, todas las religiones, debe quedar fuera.

Me viene ahora a la cabeza otro asunto del que se ha hablado por aquí por Córdoba, y es la creación de una Plataforma por un templo ecuménico en la Mezquita de Córdoba. Está en facebook.

Desde esta plataforma se reivindica el rezo compartido en ese edificio por parte de las tres religiones monoteístas. Imagino que la intención es restar poder a la Iglesia Católica, que, es cierto, gestiona para su propio interés (y me refiero también al interés económico) este monumento que debería pertenecer a todos. Al fin y al cabo, con el dinero de todos es sostenido. Debe ser ya muy difícil saber la cantidad de dinero público que se ha gastado en su rehabilitación.

El caso es que yo no creo que haya que dar algo más de poder a otras religiones para ir limando el de “la nuestra”. Lo que creo es que hay que ir quitándoselo a todas. En ese sentido, respecto a la mezquita de Córdoba, lo que yo creo que se debería hacer es librarla por completo de su uso religioso como por ejemplo se hizo hace ya mucho tiempo con la basílica de Santa Sofía en Estambul (antes Bizancio, antes Constantinopla). El valor y la importancia de ese edificio llevaron a las autoridades a reconocerlo como algo a preservar por encima de su uso como iglesia o mezquita y digno de ser disfrutado por todos. Eso mismo creo debería hacerse en Córdoba.

En fin, mi opinión: Fuera la catedral de la mezquita. Fuera los velos de los colegios, y sobre todo, fuera de las mentes.

----------------------------
De gran interés para mí ha sido la lectura reciente del libro titulado "El islam sin velo", y más aún el haber podido escuchar a sus dos autoras (Nazanín Amiriam y Martha Zein, ambas con cabeza muy bien amueblada) en un acto que tuvo lugar el jueves 22 de abril en la Feria del Libro.

miércoles, 21 de abril de 2010

Hacia la 3ª República

Celebracion republicana en el pueblo malagueño
de El Borge el pasado domingo 18 de abril.

Video de albertoalmansa



lunes, 19 de abril de 2010

Acto de apoyo al juez Garzón en Córdoba


Plataforma Ciudadana de Córdoba
Sábado 24 de abril a las 18'30h en Plaza de la Constitución
(frente a Subdelegación de gobierno en Vallelano)
http://www.congarzon.com/


lunes, 12 de abril de 2010

Un gesto no hace al hombre

No, un gesto no hace al hombre. Quizás un gesto hace a un héroe, pero no a un hombre.

Hace más de un año dediqué una entrada en este blog a Jesús Neira. Ha pasado el tiempo y se han ido sabiendo muchas más cosas. Afortunadamente Jesús Neira salió de su coma y al día de hoy está totalmente repuesto. Tan repuesto que anda pidiendo una pistola para arreglar el mundo.

Lo digo bien claro (de hecho llevaba mucho tiempo pensando que necesitaba modificar en este blog lo que en su día escribí): ¡Qué decepción de hombre!

Me desdigo de lo que en aquel momento dejé aquí escrito, y si entonces dije que no debíamos considerarlo un héroe sino todo un hombre, hoy vengo a decir lo contrario. Si el gesto de entonces lo convirtió en héroe, su actitud de ahora (en realidad, a lo que parece, su actitud de siempre) lo descubre como el verdadero hombre que es, esto es, como un facha autoritario y montaraz, partidario de las soluciones violentas.

En alguna ocasión puede que sean necesarios los héroes, pero los que lo son siempre, son los hombres. Como dijo B. Brecht: esos son los imprescindibles.

El ultra Jesus Neira quiere una pistola from Oscar Bilbao on Vimeo.p

domingo, 11 de abril de 2010

¿Más Ciencias o más Letras?

¿Qué pensáis que necesita más urgentemente la humanidad en este cada vez más acelerado momento de su evolución? ¿más conocimiento científico? ¿más cultura y humanismo?

Sé que la pregunta es un tanto retórica, pero me la hago ahora a cuento de uno de los libros que estoy leyendo en el club de lectura de ensayo de la biblioteca. El libro en cuestión es “La razón estrangulada” de Carlos Elías.

Aunque hay muchas barbaridades en algunas de las afirmaciones que el autor hace, es cierto (y así lo convinimos la mayoría de los participantes en la reunión de hace unos días) que el pensamiento científico ha perdido reconocimiento y prestigio en el mundo actual, y que la ciencia está cada vez más alejada de las preocupaciones y estima del gran público. Una clara manifestación de ello es lo acusadamente que ha descendido el número de bachilleres y universitarios que escogen los estudios científicos.

Argumenta Carlos Elías que en estos tiempos los jóvenes se han acostumbrado a vivir en la indolencia y a buscar el éxito en la vida por medio de ocupaciones frívolas relacionadas, por ejemplo, con el mundo del espectáculo (al fin y al cabo, hoy todo parece ser una representación y eso es lo que ellos ven en los medios), y que es difícil que escojan una vía académica llena de esfuerzo y poca valoración.

Pero siendo esto cierto, sin embargo se equivoca C. Elías, a la sazón doctor en Químicas y licenciado en Ciencias de la Información, cuando vuelca todo su odio en “las letras” a las que casi considera causantes de la crisis de la ciencia. Una cosa es que la actual cultura mediática sea muy poco científica, y otra afirmar que el humanismo y la literatura sean la causa de ello.

Hay una frase que yo he encontrado muy significativa en esta obra, y es esta: “El problema deriva de que para los 'humanistas' de letras, el hombre no es un ser biológico, físico y social, sino solamente social, lo cual le resta mucha capacidad, no sólo para entender el mundo en toda su complejidad, sino sobre todo para resolver correctamente muchos de los problemas que le acechan”.

No sé de dónde ha sacado Elías que para los humanistas el hombre es sólo un ser social. Claro que es las tres cosas, y además lo es por orden de complejidad:
  1. en primer lugar, un ser físico (es una cosa)
  2. en segundo lugar, un ser biológico (es un ser vivo)
  3. en tercer lugar un, ser social (es un ser humano)
Por lo primero, está sometido a todas las leyes de la física, como cualquier cosa. Por lo segundo está sometido a todas las leyes de la biología y de la ecología, como cualquier animal o planta. Por lo tercero, resulta la cosa más compleja que imaginarse pueda; de hecho mucho más que cualquier átomo, molécula o galaxia.

Las leyes que pretenden explicar lo que es el hombre en cuanto a este tercer aspecto, quizás nunca tendrán el marchamo de lo científico, tal como lo entienden los de ciencias, pero serán en todo caso un supremo y necesario esfuerzo para reconciliarlo consigo mismo.

Indudablemente, no es imaginable un progreso para la humanidad sin que éste se apoye sobre el conocimiento científico y sobre el uso de la razón; es decir, sobre el consecuente retroceso del pensamiento mágico-religioso y de las actitudes irracionales. Pero tampoco resulta imaginable un progreso para la humanidad que siendo “sólo científico”, rechazara el humanismo, por más indeterminado que para los científicos resulte éste en comparación con las verdades incontrovertibles de la física y de la química. Y esto es así, porque el hombre no es sólo físico y biológico, sino social.

El lenguaje y la vida-cultura en sociedad han hecho del ser humano algo a lo que resulta idiota acercarse exclusivamente por la vía físico-química.

La física, sobre todo a partir de los años 50, y la biología, sobre todo a partir de los años 90, han logrado ya explicar mucho de la naturaleza humana, pero por ahora, la filosofía, la literatura, el arte y las humanidades en general, resultan imprescindibles para abordar la complejidad de su ser social.

------------------------------------------------------

Si queréis leer algunos comentarios a favor y en contra de este libro en el blog titulado "Un nombre al azar" (que yo encontré por azar) aquí tenéis el enlace



sábado, 27 de marzo de 2010

Optimismo y pesimismo sobre la red

Dicen que en la red hay de todo, como en la viña de “aquel señor”. Dicho de otro modo, la red no es más que una expresión más de la inmensa variedad y riqueza del mundo.

Los que me siguen, ya conocen mi gusto por las dualidades y el juego de opuestos. Me voy a referir ahora a uno que se percibe en la red, y es que en internet, y respecto a internet, conviven el optimismo más bienintencionado y el pesimismo más escéptico.

Los idealistas de internet hablan de la revolución que ha supuesto o está suponiendo la construcción de un nuevo tipo de sociedad que llaman sociedad red. Ésta sería una sociedad horizontal, una sociedad de iguales, una sociedad por fin definitivamente democrática. El milagro (y ya van dos referencias religiosas; vaya mie...) lo posibilita ese lugar virtual y ubicuo al que todos pueden acceder en igualdad de condiciones. Internet es un espacio, un poco en peligro, es cierto (luego me referiré a ello) pero por encima de todo, libre. Un espacio en el que todos pueden opinar y en el que en cierto modo cada acto es un voto. La “democracia de internet” sería por fin, una democracia activa y no sólo representativa. Todos somos actores y estaríamos modificando un poco la película con cada bit que subimos (aporte) o bajamos (consumo).

Estos idealistas se estarían olvidando de la existencia de la brecha digital, de tal forma que esta nueva sociedad red sería como aquella supuesta sociedad democrática de la antigua Grecia, es decir, una sociedad de iguales siempre que ignoremos a los que aún no son iguales.

Pero bien, no le quito mérito a este propósito. Será sólo cuestión de acabar con la brecha digital, es decir con la desigualdad. Lo que ocurre es que a mi me entra una duda (por encima de todo soy un hombre “dudoso”) y es: ¿qué es antes: huevo o gallina, igualdad o internet? Quiero decir, ¿podemos ser iguales en en el mundo virtual sin serlo antes en el mundo real?

Están por otro lado los pesimistas de internet. Para ellos internet acabará convirtiéndose, si no lo es ya, en la forma más sofisticada de control de nuestras vidas. El imperialismo no dejará en ningún caso de sojuzgarnos. Si antes lo hacía mediante técnicas directas de dominio disciplinario acudiendo a variados instrumentos como la familia, el colegio, la prisión, el ejército, los hospitales y asilos, etc, ahora acudiría más bien a instrumentos de control indirecto: la televisión, los medios de comunicación, internet.

Por ejemplo, la televisión es supuestamente cada vez más variada, y tenemos cada día más canales donde escoger, pero ¿no es cada vez más hueca, banal, y alienadora? Y ¿no son realmente cada vez menos las grandes empresas que controlan los medios de comunicación (periódicos, radio, tv...)?

Respecto a internet, estaríamos actualmente en la "fase de ilusión tecnológica” en la que percibiendo sólo sus maravillosas ventajas y cegados por nuestra ilusión (no hay peor ciego que el que quiere ver... algo en concreto) nos entregamos a la orgía de las redes sociales porque creemos que aumentando nuestra lista de amigos y compartiendo con ellos todo lo que somos, todo lo que sabemos, estaremos contribuyendo a la construcción de un mundo mejor, un mundo en red. Pero ¿sabemos a dónde está yendo a parar todo eso que somos, todo eso que sabemos?.

Lo cierto es que todo eso que estamos volcando en las llamadas redes sociales está en manos, como no podía ser de otro modo en esta última fase de concentración del capitalismo, de unas muy pocas grandes corporaciones (léase: Microsoft, Google, Facebook, etc, etc). Y cada vez serán menos, y cada vez será mayor la información que tendrán de nosotros. Y lo peor es que ya no hay instancia política, porque los estados han perdido ¡voluntariamente! su capacidad de control, que ponga freno al poder de estas corporaciones.

En fin, ¿dónde me encuentro yo respecto a este asunto? ¿entre los optimistas? ¿entre los pesimistas? No sé, no sé... En todo caso si veis que no respondo ni cuelgo muchas cosas en facebook, es porque no quiero que ellos sepan tanto de mí.


PD 1: me referí más arriba a que incluso para “los optimistas de la red” al día de hoy internet es un espacio en peligro. Me quería referir a todo lo que se está hablando a cuento de la Disposición Final Primera del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (por esta disposición la llaman la “ley Sinde").

Este proyecto de ley que todavía tiene que pasar por el Congreso, pretende introducir con esa disposición una novedad y una consecuencia. La novedad es la equiparación del derecho a la propiedad intelectual al mismo nivel que otros derechos básicos. La consecuencia es que un órgano administrativo (ni siquiera uno judicial) podrá cerrar páginas web.

La propia Fiscalía del Estado no ve nada clara la legalidad de esta disposición, y dice:
Se introduce un nuevo bien jurídico protegido: la salvaguarda de los derechos de propiedad intelectual, que se sitúa al mismo nivel que los otros ya existentes en la redacción vigente del citado artículo 8.1: el orden público, la investigación penal, la seguridad pública, la defensa nacional, la salud pública, la dignidad de la persona en su vertiente de no discriminación por razón de raza, sexo, religión, opinión, nacionalidad, discapacidad o cualquier otra circunstancia personal o social, la protección de la juventud y de la infancia.
Debemos resaltar que es dudoso que la protección de la propiedad intelectual deba ponerse a la misma altura que el resto de los bienes jurídicos protegidos (...)

Y es que respecto a la propiedad, ya sea intelectual o de otro tipo, parece que siempre habrá dos bandos: el de aquellos que quieren retenerla y explotarla sacándole el máximo beneficio, y el de aquellos que quieren repartirla y beneficiar a todos en un mundo sin ricos ni pobres.

PD 2: abundando en mis contradicciones, daré referencia de esta entrada en facebook (donde tengo cuenta desde hace muy poco), y en twitter (que apenas uso; sí uso en cambio la cuenta twitter de la biblio).

Por último, comunico que a partir de ahora incoroporo al final de cada entrada un enlace para que os resulte más cómodo compartir esto que aquí dejo en vuestras redes sociales.






Informe del Consejo Fiscal sobre el Anteproyecto de Ley de Economia sostenible

Compartir en redes sociales




jueves, 11 de febrero de 2010

Creer en la justicia


Asombrado y un tanto asqueado estoy por lo que está ocurriendo con el juez Garzón. De verdad no me puedo creer que pueda llegar a ser juzgado, y precisamente por haber abierto causa contra el franquismo.

A lo que se ve, en este país, eso que dejaron tan atado y bien atado, aún no ha sido desatado.

Escribía yo mismo en este blog hace algunos meses, en una entrada en la que hablaba del Índice de Percepción de la Corrupción, que:
(...) "Somos los ciudadanos, que creemos que otra política es posible, los que estamos favoreciendo que se destapen cada vez más tantos casos de corrupción. La figura del juez Garzón no sería posible sin esta ciudadanía. Somos muchos los que vemos con alegría cómo se limpia cada día un poco más este asqueroso mundo de tanta gente indeseable, y cómo estamos cada día un poco más cerca de un mundo mejor".

Perdón por la autocita, pero volviendo a la idea de que somos nosotr@s todo@s los que a base de pequeñas acciones vamos haciendo, o no, que el mundo cambie y mejore, voy a pediros que
firméis el manifiesto de apoyo a Garzón ubicado en este blog: http://manifiestojusticiagarzon.wordpress.com/

Si aún queréis creer en la Justicia, no dejéis de gritarlo allá donde estéis.


sábado, 30 de enero de 2010

Laicidad versus laicismo

Me he topado últimamente, en dos contextos distintos, con una distinción que me ha chocado y provocado sobremanera, y me refiero a la diferencia entre laicidad y laicismo.

La primera vez fue en la conferencia que tuvo lugar en la Librería Aletheia el pasado jueves 14 de enero en la que participaron Julio Anguita y José María Vázquez (rector de la Universidad Internacional de La Rioja). La segunda ha sido estos días leyendo el libro de Victoria Camps y Amelia Valcárcel titulado “Hablemos de dios”. En ambos casos uno de los contertulios trataba de defender la laicidad frente al laicismo.

La laicidad sería una especie de estado de gracia en el que ya se ha conseguido la separación entre el estado (lo público, lo de todos) y la religión (lo privado, lo que tiene que ver con la conciencia).

En cambio el laicismo sería una especie de contrafundamentalismo religioso. Es decir, de signo contrario pero al mismo nivel que los fundamentalismos religiosos. La laicidad sería beneficiosa; el laicismo habría de ser evitado.

No lo comparto de ninguna manera. Claro que el “estado de laicidad” sería ideal, y llegados a ese estado no sería necesario ningún tipo de laicismo militante. Pero es que no es el caso. Es lo mismo que cuando hablamos de tolerancia: magnífico concepto, precioso término, pero idea engañosa. No se puede ser tolerante con los intolerantes. Y basta ya, por favor, de relativismo.

Que no me digan que soy igual que ellos cuando me posiciono tan radicalmente tras esta sentencia, que vuelvo a escribir para que quede clara: no se puede ser tolerante con los intolerantes. Si así lo hiciéramos (lo que hacen muchos relativistas) acabaríamos quedando en una situación de “inferioridad de convicciones” que daría lugar a un retroceso gravísimo de las conquistas de libertad, justicia y tolerancia alcanzadas.

Hay que aplicar la tolerancia cero a los maltratadores, a los racistas, a los violentos, y a un largo etcétera que incluye por ahora en este país, a los nacionalcatólicos, a los de la Conferencia Episcopal, a esos que nos quieren meter su religión con sopas, en la escuela, en las celebraciones oficiales, en las leyes si lo permitimos; esos que si dejáramos, nos harían retroceder a la edad media.

Dejaré de ser laicista el día que sienta que ha desaparecido la presión de los fundamentalistas de la religión para imponerme sus convicciones, sus símbolos, y sobre todo sus normas. En estos momentos no puedo, no podemos hacerlo.

Hace unos días se ha sabido que la Iglesia Católica ha enviado cartas a diputados del Parlamento Europeo exigiéndoles una determinada actitud de voto. ¿Se puede ser tolerante con eso? ¿Hay que dejar hacer?

lunes, 18 de enero de 2010

La tercera edad de los derechos.


Creo que con los derechos ocurre como con las personas: conforme van creciendo, van ganando en amplitud (el listado de derechos es cada vez más extenso) pero a la vez se van degradando.

Los juristas y politólogos hablan de tres generaciones de derechos. A saber:

La 1ª generación: los derechos humanos universales por antonomasia. Son los derechos herederos de las revoluciones liberales, singularmente la francesa, que dieron comienzo a la edad contemporánea. En realidad estos derechos no quedaron universalmente fijados (no digo extendidos) hasta el año 1949. No hay duda de cuáles son estos derechos: son los que tiene que ver con el ámbito de las libertades individuales, la libertad de expresión, de movimiento, de conciencia, de voto, etc. Son los derechos civiles y políticos. Dicho de otra manera, son los que tienen que ver con la LIBERTAD.

La 2ª generación: los derechos económicos y sociales. Son derechos herederos de los movimientos socialistas. Se concretarían en el derecho al trabajo, a una vivienda digna, a la sanidad, a la educación, a prestaciones sociales, etc; en general, el derecho al estado del bienestar. Tienen que ver con el reino de la IGUALDAD.

La 3ª generación: los más recientes de los tres; son los derechos ambientales y éticos. Herederos de los movimientos ecologistas, están relacionados con la construcción de un mundo en paz, en un medio ambiente sano y justo. Se podría decir que tienen que ver con la SOLIDARIDAD.

Los primeros derechos se definieron como derechos del individuo frente a los posibles atropellos del estado; son fundamentales, son inalienables, y nos pertenecen por el hecho de ser persona. Obligan a los poderes públicos en el sentido de que son jurídicamente exigibles.

Los segundos, en cambio, carecen de esa cualidad de ser jurídicamente exigibles. El estado debe orientar sus políticas hacia el pleno empleo, la universal escolarización, etc, pero en el fondo los tribunales no pueden hacer nada cuando los gobiernos “desorientan” su actuación hacia otros objetivos. Particularmente es lo que han hecho los gobiernos neoliberales de las últimas décadas que han primado por encima de todo el derecho a la propiedad, el derecho al beneficio, alzando por encima de todas las libertades, hasta el punto de anular a las otras, a la libertad de mercado.

Los terceros, a duras penas empiezan a ser aceptados universalmente, porque aceptar que todas las personas, por el hecho de serlo, tienen derecho a un mundo justo, sano y en paz tiene unas implicaciones que los poderes económicos establecidos y los beneficiarios del actual sistema mundial no están dispuestos a asumir.

Cada generación de derechos se sustenta sobre la anterior. No hay posibilidad de ningún derecho de segunda o tercera generación sin que los de la primera se hayan alcanzado. No hay derechos de tercera generación sin un estado de bienestar mínimo: no se puede disfrutar de una paz justa y de un medio ambiente limpio sin alimento, trabajo y vivienda.

Pero ¿qué pasa ahora con tanto derecho que hemos, teóricamente, alcanzado? Como decía más arriba, los derechos humanos fundamentales de la 1ª generación son jurídicamente exigibles, y desde que hay estados de derecho y tribunales internacionales, siempre habrá una esperanza jurídica de justicia en ese ámbito. Pero no ocurre lo mismo con los otros derechos: no hay esperanza de alcanzar un mundo justo en un medio ambiente sano si no se hace mediante la construcción de un gran consenso universal. Y no creo posible la construcción de ese consenso mientras no se desaloje de su situación de injusto privilegio a los grandes beneficiarios del actual sistema (esos ricos que cada vez son más ricos). La consagración mundial de la libertad de mercado y de los derechos del capital, está en contradicción directa con esto que pretendemos. El episodio de la última cumbre de Copenhague es una triste confirmación de esto que digo.

Aunque, quizás, ya nadie niegue que existe el derecho universal a un medio ambiente sano y justo, ¿es ese derecho al día de hoy algo más que una mera buena intención?

viernes, 8 de enero de 2010

La tradición como argumento

De nuevo hay quien pretende utilizar la (sacrosanta) tradición como argumento. Como ya sabéis, también me referí a ello en mi anterior entrada sobre “la fiesta de los toros” (gracias Behavi por tus magníficos comentarios).

Hoy me voy a referir de nuevo a la tradición en relación con el debate que el próximo día 20 de enero tendrá lugar en el Parlamento Europeo. Ese día se abordarán dos propuestas de resolución de distinto signo a cuenta de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo, o Corte Europea de los Derechos Humanos, sobre la presencia de los crucifijos en las aulas de colegios públicos en Italia.

Una es la presentada por diversos grupos Verdes e Izquierda Unitaria Europea. Esta propuesta, muy bien argumentada, viene a recordar el compromiso de separación de Iglesias y Estado acorde con el derecho a la libertad de conciencia, y dice una cosa tan evidente como que: “únicamente los Estados basados en el principio de separación de la Iglesia y del Estado (en contraposición con los Estados teocráticos) pueden encontrar las soluciones adecuadas para salvaguardar de forma universal el derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, el derecho a la educación y la prohibición de la discriminación, todos ellos valores centrales de la UE”.

La otra es la presentada por el PPE, Partido Popular Europeo, que ignorando el claro y asentado concepto de libertad de conciencia, habla directa y exclusivamente de la “libertad de religión”. ¿Quieren dar a entender con ello que reconocen la libertad de creer en su dios o en otro, pero no la libertad de no creer en ninguno? Seguramente es eso.

Pero a lo que voy. En su argumentación a favor de ignorar la sentencia del tribunal sobre los símbolos religiosos en las aulas italianas hablan de: “la libertad de los Estados miembros a mostrar símbolos religiosos en lugares públicos si dichos símbolos representan la tradición y la identidad de su pueblo además de un aspecto unificador de una comunidad nacional”. Previamente afirman que: “la UE y las instituciones internacionales no pueden proteger los derechos si niegan los valores sobre los que se han creado”.

Desde luego el discurso político es a veces el rey de la hipocresía. ¿Es que el PPE pretende convencernos de que ha sido la tradición cristiana de Europa y la acción de la Iglesia, la que ha asentado el reconocimiento de los derechos humanos? ¿No ha sido más bien la lucha, durante varios siglos ya, de millones de laicos contra la iglesia y sus privilegios, la lucha contra los regímenes tradicionales basados en la injusticia y la opresión, la que ha conseguido el reconocimiento y/o la instauración de los derechos humanos y de la libertad de conciencia?

Cada vez que oigo la palabra tradición me preparo para la lucha (dialéctica, se entiende)

Os pongo aquí el enlace a la página en laicismo.org donde se propone el envío de una carta a los diputados europeos españoles, y se incluye la lista de los correos electrónicos de todos ellos.
Ahí mismo podéis encontrar el enlace a los textos completos de las propuestas de resolución.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Feliz 2010



¡BUEN AÑO A TODOS!
Os deseo un "suma y sigue" lleno de ilusionantes proyectos y metas alcanzadas, de justas razones y felices sentimientos.
Que nunca os falte el deseo como motor en vuestra vida. No olvidéis que la meta, a menudo, es el camino.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Acabar con las corridas de toros (en nombre de la Cultura)


Recientemente se ha presentado en el parlamento catalán una Iniciativa Legislativa Popular para que se prohíban las corridas de toros en ese país, y ¡¡HA SIDO ACEPTADA A TRÁMITE!!

De forma muy reñida y gracias a la consigna de libertad de voto dada por los partidos a sus parlamentarios, fue finalmente aceptada y será votada dentro de unos meses. Digo yo que así debería ser siempre ¿no? Me refiero a lo de la libertad de voto de los parlamentarios. Mal que nos pesara en alguna ocasión. Claro que también las listas electorales deberían ser abiertas, y no cerradas y completamente controladas por los aparatos de los partidos como lo son ahora mismo.

Volviendo a la ILP: 180.000 firmas de ciudadano/as han suscrito la iniciativa. Una gran mayoría de la población catalana hace tiempo que le ha dado la espalda a la salvaje fiesta de los toros y preferiría su completa desaparición. ¿Qué ocurre en el resto de España? Pues todavía hay mucha gente que opina lo siguiente:
1. Es una tradición.
2. Sin corridas, el toro de lidia se extinguiría
3. El toro no sufre
4. También se mata a los terneros
5. Es una pelea de igual a igual entre el hombre y el toro
6. Los que quieren prohibir los toros son independentistas catalanes, contrarios a la fiesta nacional

Los cinco últimos argumentos son muy fáciles de desmontar. De manera muy certera y escueta lo hace Ignacio Escolar en su blog

Yo voy a intentar argumentar contra el que me parece el argumento más duro de roer de los protaurinos: el de la cultura, ¡AY! la CULTURA.

Y es que a menudo se pretende alzar el argumento de lo cultural, de aquello que responde a una tradición, para con ese marchamo dar la (interesada) aprobación a costumbres que ya no responden a la sensibilidad actual. Son sólo actitudes reaccionarias en el más claro sentido de la expresión. Son reaccionarias frente al progreso.

Está muy claro que un porcentaje cada vez mayor de la población considera la fiesta de los toros una costumbre bárbara, y es sólo cuestión de tiempo que esa sea la opinión de la mayoría. A este respecto, una reciente encuesta habla de que un 67% de los españoles no muestra ningún interés en la tauromaquia y un 35% se muestra a favor de su total prohibición.

Y es que, por muy tradicional que pueda haber sido una costumbre ¿es esa razón suficiente para aceptar que ha de seguir siéndolo? Si eso fuera así, tendríamos que seguir considerando aceptable, porque esa fue la costumbre: pegar a los hijos y a la mujeres, quemar brujas, empalar herejes, etc. O, consecuentemente, deberíamos aceptar las costumbres de otros pueblos; léase: lapidación a mujeres consideradas adúlteras, ablación de las niñas, y un largo y bárbaro etcétera.

La cultura tiene raíces; por supuesto que las tiene. Pero ¿qué es la cultura si no es por encima de todo progreso? La cultura nos hace libres sólo si mirando hacia delante la vemos como algo que nos permite crecer cada día un poco más, por medio de la razón y el derecho. En cambio nos hace esclavos si mirando hacia atrás la entendemos exclusivamente como aquello que nos ancla al pasado.

Desde aquí voy a pedir que esta ciudad, gobernada al alirón por dos partidos “muy progres”, comience ya a dar la espalda a esta bárbara tradición. Lo primero será dejar de subvencionar la celebración de corridas. Entre ellas, esa que han dado en llamar de la “mujer cordobesa”. Y lo segundo, dar un giro radical al contenido y enfoque del Museo Taurino (actualmente cerrado) para convertirlo en un museo que no ensalce la crueldad de “la fiesta”, que hable exclusivamente de la historia de esta tradición y que en todo caso haga hincapié también en el hecho del sufrimiento animal.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Separación Iglesia - Estado

Hace ya 104 años que Francia, uno de los países más avanzados en cuanto a laicismo se refiere, aprobó una ley de separación de Iglesias y Estado. En el articulado de esa ley se decían cosas tan claras y concisas como: “la República asegura la libertad de conciencia”, o: “la República no reconoce, no subvenciona, no financia ningún culto”. En palabras del ilustre político Jean Jaurés, esta separación constituía un paso más en “la marcha deliberada del espíritu hacia la plena luz, la plena ciencia y la entera razón”.

No puedo evitarlo; qué bien me suena eso de ¡la plena luz, la plena ciencia, la entera razón!

26 años después de aquel 1905, esto es en 1931, España aprobó una constitución muy avanzada en la que se fijaban también clara y concisamente cosas como:
La libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizados en el territorio español, salvo el respeto debido a las exigencias de la moral pública” (art. 27).
Todas las confesiones religiosas serán consideradas como Asociaciones sometidas a una ley especial. El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las Iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas. Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del Clero. Quedan disueltas aquellas Ordenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado. Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y docentes (…)”. (art. 26)

73 años después, tras la guerra civil y 40 años de dictadura, esto es en diciembre de 1978 (hoy hace ya 31 años), España aprobaría una nueva constitución. Esta constitución, que algunos han llamado del consenso, puede ser considerada también como la constitución de la falta de valor, la de lo no resuelto.

Entre los temas no resueltos (lo no resuelto tiende siempre a enquistarse) el asunto que más, el de la separación entre Iglesia y Estado. En este contexto el término “Iglesia” no puede ser entendido más que como Iglesia Católica. En este país no es otra la iglesia que invade y usurpa las competencias estatales (por ejemplo en educación), que se atreve a lidiar incluso en el espacio político (excomulgando a diputados), y la que fagocita y se alimenta como un parásito del dinero del estado (vía subvenciones públicas).

Me pregunto yo: ¿cuándo pondremos a la Iglesia en su sitio? Ya está bien de considerar intocable a esta constitución; ha llegado la hora de decir bien alto que es manifiesta y necesariamente mejorable. ¿De qué nos vale que el art. 14 diga: “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” cuando un poco más adelante clama al cielo la absurda contradicción del art. 16.3 cuando dice: “ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones”? ¿A qué viene nombrar a la Iglesia Católica en la Constitución? Una constitución no es sitio para la Iglesia. Tampoco es entendible que España siga manteniendo un Concordato con El Vaticano como el que aprobó unos días después de esa constitución.

Hay pues que cambiar la constitución, hay que cambiar otras leyes, y hay sobre todo que cambiar la actitud de los poderes públicos hacia la Iglesia Católica (por ejemplo la actitud del ayuntamiento de Córdoba, ahora que marchose ya Doña Rosa a quien tanto gustaba rodearse de curas y nazarenos, ¿no os parece?).



Y ya que hablo de Córdoba, voy a contaros que este sábado pasado se celebró en la Facultad de Derecho la asamblea del colectivo Córdoba Laica. Como se dice en su blog, Córdoba Laica está constituida por personas que defienden la laicidad, entendida como el establecimiento de las condiciones jurídicas, políticas y sociales idóneas para el desarrollo pleno de la libertad de conciencia, base de los Derechos Humanos.

Desde aquí quiero animar a quienes me leen a adherirse a este movimiento. Hemos dejado, sin apenas darnos cuenta, que los meapilas se adueñen de calles, escuelas y celebraciones públicas. Es hora de ir haciendo algo.

Para empezar, en la columna de la derecha hay un enlace para firmar por la separación Iglesia-Estado. Dedicadle un par de minutos.

Un mundo mejor es aquel en el que ninguna confesión religiosa es percibida como amenaza. Un mundo mejor es aquel en el que creyentes y no creyentes viven su espiritualidad o falta de ella sin conflicto y en el más estricto ámbito de lo personal.

jueves, 19 de noviembre de 2009

CULTURA versus cultura

(Se aconsejan 5 minutos para leerlo)

Hace algunas semanas tuvo lugar en la Biblioteca Central un encuentro entre los máximos responsables de Córdoba 2016 y representantes del movimiento vecinal de nuestra ciudad. Allí acudieron por parte de la Fundación Córdoba Ciudad Cultural su Gerente Carlota Álvarez Basso, y por parte de la Oficina de la Capitalidad Córdoba 2016 su Director Manuel Pérez.

Dicen que no hay que confundir la Fundación Córdoba Ciudad Cultural con la Oficina de la Capitalidad Córdoba 2016. La primera tiene vocación de continuidad. La segunda tiene un horizonte de vida máximo no más allá del 2016. De hecho podría morir mucho antes si Córdoba no pasara alguna de las fases del procedimiento de selección y elección de la Ciudad Capital Cultural de Europa 2016.

La primera de estas “fechas oficiales” es octubre de 2010 cuando el gobierno de España presentará a la Comisión Europea la lista de ciudades candidatas de nuestro país. A lo más tardar, a finales del mismo año de 2010 la Comisión Europea recomendará una lista restringida de ciudades candidatas, tras lo cual la autoridad correspondiente del Estado Español aprobará formalmente las ciudades candidatas.

La siguiente y definitiva criba será de nuevo en el mes de octubre, pero del año 2011. Para esas fechas el Comité de Selección recomendará las dos ciudades candidatas (es decir elegidas), que unos meses después serán definitivamente designadas por el Consejo de Europa. En este caso serán una de España y otra de Polonia, pues desde hace años son dos las ciudades que en cada ocasión son nombradas Capitales Europeas de la Cultura.

De lo que quiero hablar ahora es de una idea que me vino mientras Carlota Álvarez Basso hizo su exposición. Ella mencionó muchas cifras durante su intervención y una de ellas tenía que ver con la comparación entre la cantidad de proyectos culturales desarrollados por cada una de las diferentes ciudades que hasta ahora han sido capitales europeas de la cultura. Creo recordar que en concreto fue Estocolmo una de las ciudades que más alta cifra de proyectos desarrolló: más de 1700. Lo que me llamó la atención fue que Carlota se refiriera a ello como algo excesivo, y que por el contrario prefiriera una menor cantidad de proyectos.

Yo no pude evitar pensar en la relación inversa que existe entre grandes y pocos proyectos de mucho gasto, y muchos y pequeños proyectos de poco gasto. Mientras la primera estrategia da lugar a menos trabajo aunque logra resultados muy “espectaculares”, la segunda requiere de más trabajo y da lugar a resultados “menos espectaculares”. Es evidente que es más fácil gastar 6.000.000 de euros en 6 proyectos que los mismos 6.000.000 de euros en 1.000 proyectos. Lo mismo ocurre desde siempre con las inversiones en infraestructuras para el transporte: ¡cómo lucen el AVE y las autovías frente al tren tradicional y las carreteritas!.

Pero me pregunto yo ¿el resultado “culturalmente hablando” de los grandes espectáculos es el mismo que el de los proyectos más pequeños que renuncian a la espectacularidad? ¿Es acaso lo mismo conseguir que 50.000 personas acudan a un concierto que lograr que esas mismas 50.000 personas participen en una reunión de un club de lectura?

De siempre ha habido dos concepciones de la cultura. Una, que podríamos escribir con mayúsculas, sería la de los grandes fastos. Otra, más modesta pero real, escrita en sencilla tipografía, sería la de la participación activa (no sólo contemplativa), en los actos culturales. Yo me refiero a veces a este tipo de cultura como la “cultura semilla”, la cultura que germina. No en vano el término cultura está etimológicamente emparentado con el de agricultura.

Se dice que el siglo XX ha sido el siglo de la entrada en escena de las masas. Pero esa entrada en escena no ha consistido siempre, como algunos demasiado optimistas interpretan, en la conversión de los antiguos súbditos en nuevos ciudadanos. No: esa supuesta liberación ha consistido en realidad en la conversión de los antiguos sojuzgados por el poder económico y político, antiguos alienados por el duro trabajo en la fábrica o el campo, en los nuevos sojuzgados y alienados por el poder cultural. Y eso es así porque la cultura practicada y alentada por los poderes no es la cultura liberadora, sino la cultura consumidora.

No me quiero extender, que esta entrada me está quedando muy larga.

Definitivamente, propongo para la celebración del 2016, si es que Córdoba llega a ser designada Capital Europea de la Cultura, la celebración de 1000 pequeños proyectos del tipo de:
- una reunión de un Club de Lectura durante cada día del año. Estas reuniones se pueden realizar en las bibliotecas públicas y en locales de asociaciones de vecinos, etc.
- asistencia de todos los escolares de la ciudad a al menos un concierto de música clásica a celebrar en los salones de actos de los centros escolares, centros cívicos y otras pequeñas infraestructuras de barrio.
- presencia constante de, como mínimo, una exposición de pintura, escultura, fotografía, etc, en algún local de cada barrio de la ciudad.
- celebración de concursos de fotografía, pintura, escritura, etc, alentando la participación de toda la población cordobesa con premios dignos aunque no millonarios.
- Etc, etc, etc

La cultura puede hacer a los hombres libres, pero también puede contribuir a mantenerlos en la esclavitud

lunes, 16 de noviembre de 2009

Tiempo lineal –Tiempo circular

Debido a mi participación en uno de los clubes de lectura de ensayo que se celebran en la Biblioteca Central, ando estos días releyendo un libro titulado “Elogio de la lentitud”, de un periodista llamado Carl Honoré. Al margen del mensaje general que destila el libro sobre la conveniencia de que adoptemos y nos adaptemos en la medida de lo posible a unos ritmos menos acelerados en nuestros hábitos de vida, un determinado apartado de la obra me hizo pensar sobre la concepción del tiempo; en concreto sobre mi concepción del tiempo.


Tranquilos, no voy a traicionarme. Quien sepa de mi inclinación racionalista y de "mi fe" en la Ciencia y sus métodos para la explicación de la realidad, deducirá que mi concepción del tiempo no puede ser otra que la actualmente asentada por la Ciencia. Me refiero a que, según parece, todo comenzó en un determinado momento hace unos 13 y pico de miles de millones de años con una especie de gran explosión que ha venido en llamarse Big Bang. Qué hubo antes, o incluso, qué vendrá después, es decir, si habrá también al final de los tiempos una especie de Big Crunch, es algo que no soy capaz de concebir en mi modesta mente.

Pero a lo que voy. Esta concepción lineal del tiempo, o dicho de otra forma más científica, la constatación de que existe y es ineludible, una “flecha del tiempo” que sólo nos permite ir hacia adelante y nunca hacia atrás (me refiero exclusivamente al sentido temporal; no voy a entrar en si eso es siempre progreso), es algo que provoca desde siempre en el hombre una cierta angustia.
¿Por qué provoca angustia esta concepción lineal del tiempo? Porque nos plantea consecuentemente el interrogante de hacia dónde queremos ir o hasta dónde queremos llegar, y qué debemos hacer para ello. Es decir: puesto que somos libres, puesto que no hay dios ni diseño inteligente que haya decidido por nosotros (no quiero entrar ahora en la cantidad de circunstancias y determinantes que limitan de hecho nuestra libertad), de cada uno de nosotros depende, pues, a dónde llegará.

En el fondo, esta concepción del tiempo es también la cristiana. Lo que ocurre es que los creyentes cristianos (cada vez creo que hay menos) dicen que el mundo comenzó el lunes de aquella famosa semana de la creación, y terminará (no sabemos si en sábado o domingo), el día del juicio de todos los juicios, el día del Juicio Final. Como veis, concepción lineal del tiempo también.

Pero antes de las religiones del libro, sobre todo por la parte de oriente, donde siempre se han trabajado cosmológicamente mucho mejor la armonización de hombre y mundo, primaban las concepciones circulares del tiempo. Todavía hoy en día el hinduismo y otras religiones creen en la reencarnación. Para ellos la muerte no es más que el fin de un ciclo; después viene otro ciclo, y otro, y otro…

Puede ser un poco aburrido, pero es tranquilizador. Porque es tranquilizador pensar que tendremos no ya una segunda oportunidad, sino otras muchas oportunidades para volver a vivir la vida; para hacerlo mejor.

En general, la existencia de los ciclos es tranquilizadora. No hay más que pensar en la armonía de un mundo rural sometido básicamente a la repetición de las estaciones y lo que ello conlleva. El papel del hombre bien adaptado a ese mundo está escrito en el libro de la naturaleza. No hay más que hacer en cada momento lo que es conveniente hacer en cada momento.

En cambio la vida del hombre moderno, sobre todo la del hombre de ciudad con trabajos que para nada dependen del tiempo (el atmosférico, ahora), es, cuando menos, desasosegante.

Así que, me hago una pregunta: ¿qué podemos hacer para armonizar nuestra vida con el círculo? Hasta ahora no he sido capaz de ver nada más que un gran y único círculo: el que lleva a mi vida desde una nada impensable antes de mi nacimiento, hasta otra nada, más impensable aún, después de mi muerte. Y no es pesimismo; que quede claro.

En fin, todos los consejos serán bien recibidos.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Muros

Hoy se cumplen veinte años de la caída del muro de Berlín. El mundo entero lo celebró en aquel momento y lo vuelve a celebrar de nuevo estos días. Aquel derrumbe no fue en realidad otra cosa que el primer acto de una representación teatral de mucho mayor calado: el derrumbe del llamado socialismo real. La desaparición de los regímenes comunistas allanaría por fin el camino hacia la consecución de un único mundo, un mundo libre, democrático, globalizado, abierto… al capital, claro está.

La inmensa mayoría de los alemanes del este ya estaban por aquel tiempo asqueados de un sistema que aunque les proporcionaba seguridad y estabilidad, educación y sanidad de alto nivel, los mantenía reprimidos y encerrados tras un muro detrás del cual se olían las riquezas del occidente desarrollado. El capitalismo es especialmente hábil en vender su cara bonita. Al día de hoy, muchos de aquellos alemanes ya han tenido la oportunidad de descubrir también la cara miserable del sistema capitalista.

No obstante de lo que quiero hablar en este momento, a contracorriente de las celebraciones del día de hoy (no es que no celebre la caída de aquel muro), es de los otros muchos muros que se siguen levantando cada día. Muros que según la perspectiva de quienes los construyen, protegen. Desde la perspectiva de los que los sufren, sojuzgan. Muros que en todo caso, desde cualquiera de las perspectivas, nos compartimentan, nos separan y nos encierran.

El mundo no está más libre y expedito hoy que hace 20 años. Prueba de ello son: el muro que el gobierno de Israel ha levantado en Palestina; o el muro que pretende separar las favelas en Río de Janeiro; o la valla de Ceuta; o la del Río Grande entre Méjico y USA; o un largo etc en el que están incluidos todos los muros que rodean comunidades y urbanizaciones de lujo del resto de la población, o las barreras y cámaras de seguridad que delimitan y controlan cada vez más las llamadas “áreas vigiladas”.

Vivimos en un mundo lleno por completo de muros; apenas nos damos cuenta. Pero los peores son los muros interiores que levantamos nosotros mismos para protegernos. ¿Protegernos de qué? ¿de la vida?.

Hay dos motivos que me han hecho hoy pensar en todo esto que ahora escribo. A alguno le podrá parecer que ahora, de pronto, me voy por los cerros de Úbeda. Pero no es así.

El primero es que acabo de ver la película El secreto de sus ojos del director argentino Juan José Campanella. Una historia que se podría considerar de cine negro, policíaco, pero con un mensaje que trasciende al género. El mensaje no es otro que este: nunca es tarde para vivir la vida. Podremos haber construido muchos muros en nuestro pasado, podremos habernos parapetado tras falsas pero robustas respuestas a viejas preguntas, pero al final, para vivir, hay que derribar esos muros y encontrar nuevas y sinceras respuestas (aconsejo la peli a quien aún no la haya visto).

El segundo es que hoy mismo me han hecho llegar un poema de Mario Benedetti titulado Desde los afectos. También en este poema me encontré con una referencia directa al tema de los muros. El poema, en el estilo de Benedetti, nos da una larga retahíla de consejos para la vida, y concluye con los siguientes versos:

(…) Que cuesta ser sensible y no herirse.
Que herirse no es desangrarse.
Que para no ser heridos levantamos muros.
Que quien siembra muros no recoge nada.
Que casi todos somos albañiles de muros.
Que sería mucho mejor construir puentes.
Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se
vuelve.
Que volver no implica retroceder.
Que retroceder también puede ser avanzar.
Que no por mucho avanzar se amanece cerca del sol.
¿Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida?

Así pues, siguiendo a Campanella y a Benedetti, derribemos muros y tendamos puentes. Contra la vida no deberíamos practicar ninguna clase de protección. La vida es para ser vivida. Sólo hay una.


Lo único bueno que tienen a veces los muros es que sirven como plataforma para la creatividad de algunos artistas. Os incluyo aquí un video con una obra de MUTO. Espero os guste.

lunes, 2 de noviembre de 2009

En 2010 descenderá el IPC en España. ¿Buena noticia? no. MALA NOTICIA

Mala noticia, porque no me estoy refiriendo al IPC más usual, el Índice de Precios al Consumo, no. Me estoy refiriendo al Índice de Percepción de la Corrupción, en inglés CPI, un índice que establece la TI (Transparency International). La TI es una organización internacional sin ánimo de lucro que lucha contra la corrupción, y que elabora unos informes anuales sobre este particular IPC.

En el último informe de TI sobre el IPC, España ocupaba el puesto 28 a nivel mundial con una nota de 6'5. Un 10 correspondería a un país con una percepción cero de corrupción; un 0 correspondería a un país con una corrupción total. En ese índice que referimos, el país con menos corrupción hoy en día es Dinamarca (con un 9'3), y el país más corrupto actualmente sería Somalia (con un 1'0).

¿Por qué digo que el IPC en España va a bajar? Porque indudablemente los escándalos continuos que durante estos últimos meses (en realidad años) están asaltando las portadas de periódicos y telediarios (y que para alivio de algunos, alcanzan ya a casi todos los partidos y formaciones políticas), han extendido la idea entre los ciudadanos de que España sigue siendo un país de políticos corruptos. Ya no es sólo la Gürtel y sus extensiones por Madrid y Valencia. Son el caso Millet, el caso Alavedra-Prenafeta-Bartomeu, el caso El Ejido, y un largo etc, etc, etc. Ni siquiera Izquierda Unida está libre. Sólo "tiene la suerte" de que detenta el poder en menos lugares, y quizás sólo por ello se ha visto salpicada por menos escándalos. Pero algunos casos en municipios de la provincia de Sevilla, y otros más cercanos (mucho más cercanos), la sitúan al mismo nivel que el resto de partidos. Desgraciadamente la corrupción no es sólo de derechas.

Sin embargo quiero ser optimista. He leído varios documentos en estos últimos días para intentar entender un poco mejor todo esto de la corrupción y sus consecuencias sobre la política. Una de las conclusiones, o más bien ideas, que he sacado es que los casos de corrupción son o parecen ser cada vez más frecuentes porque lo que en realidad ha aumentado es la ética de la ciudadanía. Si antes era lo más usual creer que un político estaba ahí para, sobre todo, sacar provecho, ahora son cada vez más los ciudadanos que creen que la política es, o debe ser, una ocupación digna y limpia, y que los políticos son, o deberían ser, y hay por tanto que exigírselo, dignos y limpios.

Es la idea cada vez más extendida entre la ciudadanía de que es posible un mundo mejor, de que es posible avanzar hacia una justicia universal, la que hace precisamente que se destapen y salten a la luz pública los casos de corrupción. Eso ocurrió por ejemplo durante el franquismo. Corrupción hubo siempre, eso es innegable, pero no fue hasta sus últimos años, que la existencia de una sociedad civil concienciada creó el ambiente necesario para que salieran a la luz pública casos como el de Matesa o Sofico.

Puede que ahora esté ocurriendo lo mismo. Somos los ciudadanos, que creemos que otra política es posible, los que estamos favoreciendo que se destapen cada vez más tantos casos de corrupción. La figura del juez Garzón no sería posible sin esta ciudadanía. Somos muchos los que vemos con alegría cómo se limpia cada día un poco más este asqueroso mundo de tanta gente indeseable, y cómo estamos cada día un poco más cerca de un mundo mejor.

En ese sentido no importa que el año que viene baje la nota del IPC en España. Estamos en el buen camino.

Suscribe la campaña que la UNCAC (United Nations Convention Againts Corruptio) está desarrollando.
Leer en español


Suscribe la campaña contra la corrupción

domingo, 5 de abril de 2009

Miedo; miedos.

El viernes pasado, dentro del programa denominado “Conversaciones en La Central”, tuvo lugar un acto en la Biblioteca Municipal de Córdoba en el que el periodista Isaac Rosa y el diputado Eduardo Madina charlaron sobre “El miedo como forma de control de los ciudadanos en las sociedades democráticas”.

Isaac Rosa escribe a diario en Público y es autor de la novela titulada “El país del miedo”. Eduardo Madina es diputado del PSOE y ha sido víctima de un atentado de ETA. La conversación que mantuvieron, y que resultó de gran interés, giró en torno a los miedos que padecemos en las sociedades desarrolladas actuales; a sus causas y consecuencias.

Esos miedos están muy bien recogidos, de hecho, en la novela de Isaac Rosa, y aunque (para quien lo haya leído) el pusilánime Carlos sea un caso extremo de “ciudadano miedoso”, lo cierto es que a todos nos pasan cosas parecidas a las que a él le suceden, y todos experimentamos miedos muy similares a los suyos. Como dijo Madina, a pesar de que las sociedades desarrolladas ofrecen a sus ciudadanos cada vez un mayor cobijo y protección, una mejor defensa frente a la pobreza, a las enfermedades, a las inclemencias, etc, no deja de ser cierto que la sensación de inseguridad está cada vez más extendida.

¿Cuáles son las razones? Pues indudablemente varias, pero una de ellas es que el poder, el sistema, es el más interesado en la creación y alimentación de esos miedos porque de ello obtiene varios beneficios. Uno es que tiene más posibilidades de control sobre nosotros. Otro es que genera dinero con ello; no en vano el capitalismo comercia con todo.

Quiero hablar aquí de una clasificación de los miedos que mentalmente me hice mientras se desarrollaba la conversación entre Rosa y Madina. Aunque los miedos son muchos y muy diversos, y sin duda no todos entrarían en esta clasificación que propongo, no quiero dejar de exponerla aquí.

Opino que hay tres grandes bloques de miedos: los miedos “cósmicos”, los miedos “psicológicos”, y los miedos “sociológicos”.

Los miedos cósmicos son los miedos que aquejaban al hombre primitivo. No son miedos totalmente desaparecidos en el mundo actual pero son menos frecuentes en nuestras sociedades. Son los miedos que provoca lo desconocido. Eran el pavor producido por el rayo, por el trueno, por los terremotos, por los eclipses, por fenómenos que ahora sabemos naturales, es decir, cuyas causas y posibles efectos conocemos perfectamente, pero que antaño parecían capricho de terribles dioses o demonios.

Ahora ya no tenemos miedo al rayo; en todo caso tenemos miedo a sufrir la mala suerte de que uno nos caiga encima. El rayo ya no es una fuerza maligna; en todo caso fatal.
Entra también en este grupo, desde mi punto de vista, uno de los miedos clásicos, si no el miedo por antonomasia, y me refiero al miedo a la muerte. Creo que hoy en día no se tiene tanto miedo a la muerte. A lo que se tiene miedo es al tránsito. Quiero decir que casi nadie en estos tiempos tiene miedo a lo que viene después de nuestra muerte: o es la nada, o es al menos un lugar apacible. Varias encuestas han puesto de manifiesto que ni siquiera los católicos practicantes creen hoy en día en el infierno.

Así pues, creo que estos miedos cósmicos van desapareciendo de nuestro imaginario. Pero no sucede lo mismo con los otros dos grupos de miedos.

Los miedos psicológicos son los miedos que surgen desde nuestro interior. Son aquellos que o bien no tienen una causa real o están enfermizamente magnificados por nuestra mente. Son en algunas ocasiones más que miedos, fobias. Son el miedo a los perros, a las serpientes, a las arañas, ratas y bichos asquerosos en general; son la claustrofobia, la agorafobia, el miedo a hablar en público, el vértigo o el miedo a las alturas, etc, etc, etc. Son miedos que están en nosotros porque existe un conflicto no resuelto, un desequilibrio interno en nuestra mente. Son de alguna manera causados por una falta de armonía o una mala integración del individuo en su entorno. Tienen a veces origen en la infancia; en por ejemplo, una relación con los padres provocadora de inseguridad. Y también tienen, a menudo, una relación directa con conflictos relacionados con la sexualidad. En todo caso son, como digo, provocados por una falta de equilibrio personal.

El tercer bloque es el de los miedos sociológicos. Es el miedo a los demás en general, a los que son diferentes. Aquí entran: el miedo al extranjero, particularmente al inmigrante, el miedo al negro, o al sudamericano, al indígena, el miedo a los grupos de jóvenes, el miedo a los hinchas del otro equipo. También el miedo a que nos roben, a que nos asalten, el miedo a que entren en nuestra casa. El miedo a pasar por un barrio desconocido.

Así como antes me refería a miedos provocados por una falta de armonía psicológica, estos últimos miedos a los que me refiero ahora creo que son producidos por una falta de armonía social. Es por eso por lo que soy pesimista y creo que los “miedos sociológicos” no sólo no van a desaparecer sino que van a más. Y es que las sociedades actuales están cada vez más desequilibradas; las injusticias y desigualdades son cada vez más evidentes; los conflictos entre grupos sociales cada vez más persistentes.

Y así seguirá siendo porque este sistema, el capitalismo, es esencialmente injusto y generador de conflicto.

¿Qué pensáis?

jueves, 2 de abril de 2009

La Justicia y la justicia

¿De qué se ríen estos capullos? Un par de noticias leídas últimamente me mueven a hacer unos comentarios sobre la Justicia, y también sobre la justicia.

De estas dos palabras, la primera, con su inicial bien mayúscula y su historia todo pompa y artificio, resulta lejana y extraña, cuando no arbitraria, para el común de los mortales; desde luego para el pueblo llano, que difícilmente la entiende y comparte. Con esta “Justicia” me estoy refiriendo a esa institución del Estado que se encarga de la aplicación de las leyes y que tiene por oficinas los juzgados.

La segunda, en cambio, esa “justicia” escrita sólo con minúsculas, tan bajita y prudente, es por contra una de las palabras más grandes y más bonitas, y uno de los conceptos más importantes que ha alumbrado el género humano. Distinguir y hacer lo justo, conocer lo que está bien, es algo que para mi ha sido siempre guía y fiel de mi conducta. No puedo soportar sin dolor el ver como se comete alguna injusticia a mi lado. Y no puedo aceptar para mi propio interés cualquier beneficio, sea grande o pequeño, si sé que procede de algo “que no está bien”.

Me gusta pensar que yo soy uno de esos que nunca se venderían. No sé lo qué haría si me ofrecieran un millón de dólares por acostarme con alguien (por ponerme en el papel de Demi Moore en la película “Una proposición indecente”) pero sí sé lo que haría si estuviera en la misma situación de Nicolas Cage en “Te puede pasar a ti”. En esta película, un poco tonta la verdad sea dicha, un policía de barrio se ve obligado por su ética a compartir con una camarera un premio millonario que ha ganado en la lotería (a pesar del desencuentro y luego divorcio de su mujer que su decisión provoca), porque el día anterior, al faltarle unas monedas para la propina, le propuso a la camarera (Bridget Fonda) la mitad de su boleto de la bonoloto. Yo, como él, no podría vivir el resto de mi vida, aún en la mayor de las abundancias, sin envenenar mi sueño al recordar que hubo una ocasión en que no hice lo justo ensuciando mi propia palabra.

Pero a lo que iba, que no era esto. El sábado pasado leí una noticia que me animó el día, lo confieso. De hecho me hizo pensar que a veces la Justicia intenta acercarse a la justicia. ¿Lo conseguirá? Fue en el diario Público, y el titular decía: “Querella española por la prisión de Guantánamo. La fiscalía examina la demanda criminal presentada ante Garzón contra el equipo jurídico de Bush. Los abogados esgrimen que la tortura es un delito contra la comunidad internacional”. En ella se daba cuenta de la presentación de una querella por parte de varios abogados ante la Audiencia Nacional contra varios de los asesores de Bush. Estos señores son los ideólogos y constructores del basamento (i)legal que ha dado sostenimiento al uso de la tortura por el ejercito norteamericano y a la creación de una de las mayores barbaries cometidas en este mundo desde el nazismo para acá, cual ha sido la prisión de Guantánamo.
No sé si llegaremos a ver a estos tipos en el banquillo pero saber que quizás pudiera llegar a ocurrir me hizo recuperar un poco de fe en la Justicia.

Granados indicándole al juez lo que tiene que hacerLa segunda noticia, en cambio, me hace descreer de nuevo de todo lo que se cuece en tan altos tribunales. Un titular, en el mismo periódico, decía: “El número tres de Aguirre se reunió en secreto con el nuevo juez del caso Gürtel”. Y digo yo que los jueces son personas como otras cualquiera, y que tienen derecho a andar por la calle, a charlar y a comer con quien quieran, pero que a estas alturas el juez que va a juzgar la corrupción dentro del Partido Popular se reúna y coma con Francisco Granados me hace pensar, no puedo evitarlo, que la Justicia no dejará nunca de ser “un cachondeo” mientras haya jueces (y se salvan muy pocos) como los que tenemos en este país.

domingo, 22 de marzo de 2009

Día Internacional de la Poesía

El 21 de Marzo, el día en que normalmente da comienzo la primavera en el hemisferio norte, fue declarado por la UNESCO en el año 2000 como el Día Internacional de la Poesía.

Probablemente queden pocos días en el calendario que no hayan sido proclamados Días Internacionales de algo. Por otra parte, celebrar durante un solo día al año aquello que se pretende ensalzar o reivindicar, sería estúpido por nuestra parte. Así que, un descreído como yo, no puede darle a este Día Internacional de la Poesía más trascendencia de la que tiene. No obstante, se me ocurre que puede ser una buena ocasión para traerla aquí, y para recordar que no seríamos nada, o que al menos algo muy importabte nos faltaría, sin la Poesía.

Reproduzco tres poemas de tres grandes poetas como son: Cernuda, Machado y Neruda. Cada uno de ellos se acompaña de un enlace donde pueden ser escuchados en versión recitada (los de Cernuda y Machado) o cantada (el de Neruda). En este último caso por la pareja de cantautores: Olga Manzano y Manuel Picón.
Disfrutadlos.

LUIS CERNUDA

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad porque muero.

Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido;
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

(escuchar su recitado en la voz del propio Luis Cernuda)


ANTONIO MACHADO

Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas! ...
¿Adónde el camino irá?
Yo voy cantando, viajero
a lo largo del sendero...
—La tarde cayendo está—.
«En el corazón tenía
la espina de una pasión;
logré arrancármela un día,
ya no siento el corazón.»

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.

La tarde más se oscurece;
y el camino que serpea
y débilmente blanquea
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
«Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada.»

(escuchar su recitado en la voz de F. Fernán Gómez)


PABLO NERUDA

Tu risa

Quítame el pan, si quieres,
quítame el aire, pero
no me quites tu risa.

No me quites la rosa,
la lanza que desgranas,
el agua que de pronto
estalla en tu alegría,
la repentina ola
de plata que te nace.

Mi lucha es dura y vuelvo
con los ojos cansados
a veces de haber visto
la tierra que no cambia,
pero al entrar tu risa
sube al cielo buscándome
y abre para mi todas
las puertas de la vida.

Amor mío, en la hora
más oscura desgrana
tu risa, y si de pronto
ves que mi sangre mancha
las piedras de la calle,
ríe, porque tu risa
será para mis manos
como una espada fresca.

Junto al mar en otoño,
tu risa debe alzar
su cascada de espuma,
y en primavera, amor,
quiero tu risa como
la flor que yo esperaba,
la flor azul, la rosa
de mi patria sonora.

Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de las calles
torcidas de la isla,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere,
pero cuando yo abro
los ojos y los cierro,
cuando mis pasos van,
cuando vuelven mis pasos,
niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca
porque me moriría.


Canción de Olga Manzano y Manuel Picón