
He concluido recientemente la lectura de un libro interesantísimo con motivo de mi participación, que ya conocéis, en el club de lectura de ensayo de la biblioteca. Su título es
“La naturaleza humana” de
Jesús Mosterín, y recomiendo vivamente su lectura.
Mosterín es presentado como un filósofo, pero este libro no es de filosofía; más bien de ciencia. Por supuesto no quiero decir con ello que la filosofía no sea científica.
Lo que se propone este libro es, como su título índica, presentarnos cuál es, a la luz del conocimiento que las distintas ramas de la ciencia han alcanzado al día de hoy (particularmente en los últimos tiempos la biología, la genética y la neurología), cuál es digo, la mejor definición sobre lo que es la naturaleza humana. Es decir, qué es el “
humán” (término, que sabiamente es propuesto por el autor en lugar del mal utilizado en castellano “
hombre”) y cual es su verdadero lugar y relación con otras especies.
El libro nos habla de la evolución, y nos deja bien claro que no se trata ya de una “teoría de la evolución” sino que hay un largo listado de evidencias científicas que demuestran cómo la vida emprendió hace varios miles de millones de años un proceso de progresión y complicación que ha desembocado, en un extremo de una de las miles de ramas de su árbol, en la especie humana.
También habla Mosterín de biología, mucha biología, de genética, bastante genética, y habla de lenguaje, y cultura, y comportamiento sexual, etc. Y como digo, para mí, con el resultado de un libro magnífico.
Pero hete aquí que de lo que quiero hablar es de un capítulo, hacia el final del libro, que me ha provocado grandemente, y que después de varios días y segunda lectura, sigo sin poder asumir. El capítulo se titula “
Reproducción y Eugenesia” y estoy en profundo desacuerdo con la postura del autor.
Para comprender su postura, reproduzco literalmente algunas de sus frases:
- “
Frente al control de la natalidad, que tiene como meta el control cuantitativo de la reproducción, la eugenesia pretende más bien su control cualitativo”
- “
La eugenesia es la manipulación de la reproducción humana con el objetivo de obtener buenos nacimientos, es decir, nacimientos de crías que incorporen ciertas características hereditarias consideradas deseables, como la salud y la inteligencia, y eviten otras claramente indeseables, como la imbecilidad, la tendencia criminal o la enfermedad congénita grave”
Más adelante, nos deja clara cuales son las diferencias entre la
eugenesia totalitaria (practicada por los gobiernos) y la
eugenesia liberal (practicada por los individuos), y las diferencias entre la
eugenesia negativa y la
eugenesia positiva , que no se refieren, por supuesto, a juicios de valor por su parte, sino al tipo de objetivo buscado. La eugenesia negativa sería la que se realiza cuando se deshechan embriones con enfermedades graves, como por ejemplo el sindrome Down, etc. También la que valiéndose de técnicas de ingeniería genética y el trabajo con células madre está resolviendo problemas con enfermedades hereditarias que no tienen otra cura (por mi parte nada que objetar a este grupo de prácticas negativas). La eugenesia positiva es la que busca, no ya desechar enfermedades o malformaciones, sino potenciar cualidades y propiedades deseables.
Reproduzco de nuevo a Mosterín:
- “
La ingeniería genética permitirá a la larga introducir en el genoma de nuestros descendientes genes que confieran inmunidad frente a enfermedades temibles o desagradables e incluso genes que potencien propiedades deseables como el vigor, la agilidad, la inteligencia o la memoria”
- “
Es probable que en el futuro se desarrollen técnicas para interferirse en el zigoto, añadiéndole artificialmente genes que compensen sus carencias previamente detectadas”
Mosterín, que se muestra en todo momento bastante honrado (lo mismo que yo pretendo en estos momentos) se hace eco de algunas posiciones contrarias a esta eugenesia positiva. Singularmente recoge sobre todo dos, que son la de
F. Fukuyama (mira por donde, nunca pude imaginar que iba a coincidir en algo con este hombre) y la de
J.Habermas.
Me centro en este último, que definió su postura en este asunto en una obra titulada
“El futuro de la naturaleza humana: ¿hacia una eugenesia liberal?”. No lo he leído pero lo intentaré en el futuro. En cualquier caso, y según la cita del propio Mosterín, dice Habermas: “
el hecho de que la fecundación se produzca al azar y no pueda ser influida ni manipulada, la falta de disponibilidad del propio inicio, es la base de nuestra autoconciencia como individuos morales, responsables e iguales. La ingeniería genética eugenésica introduciría una asimetría entre los manipuladores (los padres) y los manipulados (los hijos) e incluso difuminaría la distinción entre sujeto y objeto”.
Creo que el error de algunos científicos es que, habiendo quedado ya completamente despejado el olimpo de todo tipo de dioses, han visto hueco para convertir al humán en una nueva especie de dios capaz de recrearse a sí mismo, no a su imagen y semejanza, sino según su deseo y conveniencia (incluso interés).
Yo no creo que el hombre deba jugar a eso, y estoy con Habermas en que debemos conservar clara, por ahora, la distinción entre lo que somos cuando somos sujeto, y lo que somos cuando somos objeto. Y esto me lleva a recordar otro tema sobre el que algún día volveré en este blog: me refiero al
asunto de la conciencia, de la “
yoidad”, pero lo dejo para otra entrada, que esta ya pasa del folio.
PD: espero sobre todo, los comentarios de mi buen amigo Behavi, que tiene ya por méritos propios reservada una silla en esta mesa, y que, por otra parte, sabe de estos temas bastante más que yo.