Tranquilos, no voy a traicionarme. Quien sepa de mi inclinación racionalista y de "mi fe" en la Ciencia y sus métodos para la explicación de la realidad, deducirá que mi concepción del tiempo no puede ser otra que la actualmente asentada por la Ciencia. Me refiero a que, según parece, todo comenzó en un determinado momento hace unos 13 y pico de miles de millones de años con una especie de gran explosión que ha venido en llamarse Big Bang. Qué hubo antes, o incluso, qué vendrá después, es decir, si habrá también al final de los tiempos una especie de Big Crunch, es algo que no soy capaz de concebir en mi modesta mente.Pero a lo que voy. Esta concepción lineal del tiempo, o dicho de otra forma más científica, la constatación de que existe y es ineludible, una “flecha del tiempo” que sólo nos permite ir hacia adelante y nunca hacia atrás (me refiero exclusivamente al sentido temporal; no voy a entrar en si eso es siempre progreso), es algo que provoca desde siempre en el hombre una cierta angustia.
¿Por qué provoca angustia esta concepción lineal del tiempo? Porque nos plantea consecuentemente el interrogante de hacia dónde queremos ir o hasta dónde queremos llegar, y qué debemos hacer para ello. Es decir: puesto que somos libres, puesto que no hay dios ni diseño inteligente que haya decidido por nosotros (no quiero entrar ahora en la cantidad de circunstancias y determinantes que limitan de hecho nuestra libertad), de cada uno de nosotros depende, pues, a dónde llegará.
En el fondo, esta concepción del tiempo es también la cristiana. Lo que ocurre es que los creyentes cristianos (cada vez creo que hay menos) dicen que el mundo comenzó el lunes de aquella famosa semana de la creación, y terminará (no sabemos si en sábado o domingo), el día del juicio de todos los juicios, el día del Juicio Final. Como veis, concepción lineal del tiempo también.
Pero antes de las religiones del libro, sobre todo por la parte de oriente, donde siempre se han trabajado cosmológicamente mucho mejor la armonización de hombre y mundo, primaban las concepciones circulares del tiempo. Todavía hoy en día el hinduismo y otras religiones creen en la reencarnación. Para ellos la muerte no es más que el fin de un ciclo; después viene otro ciclo, y otro, y otro…
Puede ser un poco aburrido, pero es tranquilizador. Porque es tranquilizador pensar que tendremos no ya una segunda oportunidad, sino otras muchas oportunidades para volver a vivir la vida; para hacerlo mejor.
En general, la existencia de los ciclos es tranquilizadora. No hay más que pensar en la armonía de un mundo rural sometido básicamente a la repetición de las estaciones y lo que ello conlleva. El papel del hombre bien adaptado a ese mundo está escrito en el libro de la naturaleza. No hay más que hacer en cada momento lo que es conveniente hacer en cada momento.
En cambio la vida del hombre moderno, sobre todo la del hombre de ciudad con trabajos que para nada dependen del tiempo (el atmosférico, ahora), es, cuando menos, desasosegante.
Así que, me hago una pregunta: ¿qué podemos hacer para armonizar nuestra vida con el círculo? Hasta ahora no he sido capaz de ver nada más que un gran y único círculo: el que lleva a mi vida desde una nada impensable antes de mi nacimiento, hasta otra nada, más impensable aún, después de mi muerte. Y no es pesimismo; que quede claro.
En fin, todos los consejos serán bien recibidos.










Por ejemplo me considero radical, y no creo que la tan altamente valorada expresión de “en el término medio está la virtud” sea acertada por principio. No puede serlo, pues si lo fuera, la presencia frente a nosotros de cualquier fanático o de cualquier ignorante habría de llevarnos a aceptar que no tenemos del todo la razón y de que deberíamos encontrar el punto medio respecto a sus opiniones para un acuerdo.
Eluana Englano

¿No es una vergüenza que al 


Pero no es de esto de lo que yo quiero hablar. Yo quiero hablar hoy de los niños. Creo sinceramente que lo que tendríamos que celebrar, no ya un día al año sino cada día de la vida, es la llegada de los niños. Los niños, y esto es una obviedad que casi da vergüenza enunciar, SON EL FUTURO. Pero no son el futuro sólo porque esa sea la ley natural, es decir, porque constituyan la única posibilidad biológica de nuestra continuación. No, son el futuro porque guardan y renuevan continuamente en este mundo la semilla de la ilusión. ¿Y qué clase de futuro podríamos esperar sin ilusión?

